El eructo
por Uno de la Redacción

MIÉRCOLES 21 DE ABRIL DE 2010 A LAS 18:01 HORAS
Opinión > Política
 
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ÓSCAR SÁEZ

 

El diablo, además de ser malo, es un guarro. Un eructo del demonio por el volcán de nombre impronunciable la ha liado parda. Las cenizas del pecado del modernismo han parado el mundo. Nosotros, los humanos me refiero, que no las damos de sofisticados y que somos capaces de llegar a Marte, nos hemos bloqueado por los humos del infierno. Tanto avance de inteligencia artificial no está dejando gilipollas.


Los humanos no acabaremos unos con otros con bombas nucleares; será la naturaleza, en forma de erupciones volcánicas o en forma de nevadas universales, la que nos mate al ver tantas sandeces cometidas, un homicidio por amor. Eutanasia.


Ahora nos hemos dado cuenta de que sin volar no somos nadie, señores, y sino que se lo digan a superman. O al Barcelona. Pobres, tienen que recorrer 1.000 kilómetros para jugar un partido de fútbol en un avión con ruedas para descansar en un hotel de 5 estrellas. Otros, tienen que hacerlo cada día en un camión como forma de vida para acabar durmiendo en un motel de carretera. O en patera para llegar al edén que les desprecia.


La vomitona volcánica nos ha recordado lo intrascedentes que somos. O el diablo ha mostrado su ira o en el infierno están de fiesta, a la que muchos arden en deseos de ir. Quizás es alguno ahí bajo que se lo está pasando pipa viendo cómo Baltasar Garzón, el bueno, el feo y el malo en la misma película, acabará sentado en un banquillo, una foto que no vale el ‘delito' administrativo que haya podido cometer. O quizás sean los curas pedófilos con sus juegos maléficos. O Franco, que sigue vivo después de 30 años muerto, o las carcajadas de Rajoy, que no deja de reírse de nosotros con su Gürtel, y de Zapatero con su marketing barato. ZP, haga caso a tu mujer, déjalo, hombre. Dejad de eructarnos con vuestra demagogia.


Y ahora el chiste semanal:
El empleado le dice al jefe: ¿Puedo salir hoy dos horas antes? Mi mujer quiere que la acompañe de compras.
El jefe le contesta: De ninguna manera.
Y el empleado le contesta: Gracias jefe, yo sabía que usted no me iba a defraudar.


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