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| La tierra sin centro |
| por Uno de la Redacción |
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| MARTES 20 DE ABRIL DE 2010 A LAS 17:57 HORAS |
| Opinión > Política |
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PEDRO P. HINOJOS
Los especialistas suelen decir de Viaje al centro de la Tierra que es la novela más fabuladora y menos rigurosa de Julio Verne. El hombre ha llegado a la luna, ha navegado por los abismos submarinos, ha conquistado los polos o se ha comunicado a grandes distancias a través de máquinas; y todo eso lo anticipó el genial pitoniso de Nantes.
Pero aún no hemos escarbado lo suficiente como para alcanzar ese núcleo que Verne imaginó como una gran caverna jurásica, y que en realidad es la morada de un colosal imán líquido. Nada hay de premonitorio, por consiguiente, en las aventuras subterráneas del profesor Lidenbrock, su sobrino Axel y el guía Hans, siguiendo la ruta del alquimista Saknussem por el volcán Snafellsjökull en la remota y congelada Islandia.
¿Se equivocó Verne o simplemente se dejó llevar por la imaginación al entender que había chocado irremediablemente con las fuerzas impredecibles e ingobernables de la naturaleza? Visto lo visto en estos días con otro volcán islandés, el también impronunciable Eyjafjalla, parece que todavía nos falta un rato para dominar la Tierra en su totalidad. La nube de cenizas afiladas como lijas ha obligado a suspender el tráfico aéreo en el norte y el centro de Europa, afectando de rebote al resto de aeropuertos e itinerarios del Continente y a gran parte del mundo. Cientos de miles de personas se han visto afectadas por este imprevisto, y la mayoría de ellas, como la mayor parte de la sociedad, consideran que las autoridades estatales se han pasado con la prohibición de volar.
¿Cómo puede ser que en pleno siglo XXI ocurran estas cosas? Pongamos que a consecuencia de lo mismo que nos ha impedido llegar al corazón de nuestro planeta. La isla de tierra joven de allá al norte nos ha puesto en nuestro sitio, como lo hizo hace casi 150 años con Verne, y nos ha colocado como lo que somos en realidad: unos pobres fantasiosos al pie de un maldito volcán. |
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| Comentarios |
| Un señor de Madrid |
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| miércoles 21 de abril de 2010 a las 17:14 horas |
La naturaleza nos recuerda que al fin y al cabo el hombre es polvo de estrellas, sería conveniente no olvidarlo, tomar conciencia de ello, tal vez aprenderíamos a vivir cada día con otros ojos.
Un saludo y estupendo post, |
| PPH |
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| miércoles 21 de abril de 2010 a las 10:54 horas |
Estimado Roy: le sobran razones para desconfiar de la humanidad, pero espero que sus augurios no se cumplan, por el bien de los dos. En cuanto a su malestar por haber mandado recuerdos a Pris, qué quiere que le diga, no le comprendo. La última vez que supe de usted estaba en una azotea desplumando palomas bajo la lluvia. Así que, si ahora aparece por aquí, entiendo que su elástica y dulce. compañera también ha vuelto al mundo de los vivos.
Un saludo
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| Roy Batty |
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| martes 20 de abril de 2010 a las 22:49 horas |
Ustedes los humanos son tan vulgares como pretenciosos, capaces de las obras más bellas y de las peores iniquidades. Yo mismo, soy una muestra de ambas cosas. La naturaleza, un día, les borrará de la faz de la tierra, Así, sin trascendencia alguna, no conozco mayor tranquilidad existencial ni un mejor leitmotiv para tratar de enderezar, por sí solos, los hombres su propio rumbo.
Por cierto, y a propósito de su comentario en la entrada anterior, me duele que mencione a la bella Pris. Como bien sabe, murió a manos de ese hombrecito patético llamado Deckard. |
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