La semanita en el PSM va a ser de aúpa, pues antes o después tendrá que meterle mano al espinoso asunto de su número 2, la ya célebre Trinidad Rollán, cuyos barros de la alcaldía de Torrejón de Ardoz prometen nuevos lodos en fechas venideras: quienes la conocen confirman que está nerviosa y triste por un feo asunto que, tal vez, tiene mucho que ver con las herencias 'familiares' que durante muchos años lastraron al socialismo torrejonero. Ella bien sabe a qué se refiere este animalito husmeador que les escribe: también sus opositores en el propio PSOE, y ahí puede estar el quid de lo que venga.
El caso es que esta piedra en el zapato está lastrando el último tramo hacia la nominación de Tomás Gómez, que ya parece más que he hecho: mucho hemos especulado todos sobre su sustitución por Rubalcaba, Trinidad Jiménez, Lissavetzky o hasta el propio Blanco; pero le llega a El Topo la confirmación de que el rival de Esperanza Aguirre será el ex alcalde de Parla: se cree que los perjuicios de un relevo serán mayores que los beneficios electorales, lo que en román paladino equivale a reconocer de antemano la derrota y no añadirle una disgregación interna fruto de una intervención previa de Ferraz.
¿Equivale esto a aceptar la candidatura de David Lucas a la alcaldía madrileña? Pues no, y aquí sí que se buscará hasta el último momento un candidato de más peso público para hacer tándem con Gómez, compensando al portavoz municipal de alguna manera, sonora, para evitar que monte un pollo: Ángel Gabilondo sigue siendo, entre todos los mentados, el preferido en las quinielas internas, por mucho que él se ponga de perfil y grite aquello de "no me grites, que no te veo".

Bono, en mítica pose, pisando fuerte siempre
Y es que el PSOE ya tiene muy clara su estrategia para la Comunidad de Madrid, aunque nadie debe esperar que salga un portavoz a confirmarla: lograr un resultado digno en la capital -esto es, evitar otro ridículo como en el pasado- y cruzar los dedos para que IU no se hunda, el PSOE no se desplome y UPyD se alíe si acaso saca algún diputado para, con todo ello, soñar con gobernar en coalición. En otras palabras, confiar en un milagro para evitar que Aguirre repita en la Puerta del Sol, tal y como dicen esas encuestas que carga el diablo.
Una última maldad que se vierte en algunos corrillos socialistas, al respecto de obligar a José Bono a aceptar la candidatura a alcalde que en el pasado rechazó: de todos los paracaidistas posibles, él es el único que podría presumir no sólo de conocer Madrid muy bien, sino de haber vivido o poder hacerlo, desde hace muchos años, en sus mejores barrios.
Esto es Topo, amigos
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