Hoy se cumplen setenta y nueve años de la proclamación de la Segunda República Española. Por ley natural, poco a poco, nos van dejando los últimos testigos presenciales de aquella explosión de alegría colectiva que se produjo el 14 de abril de 1931, cuando el pueblo se echó a la calle, sin incidente alguno, para celebrar la caída de la última barrera que les impedía alcanzar la modernización, tan ansiada desde la Constitución de Cádiz. Tras la desastrosa Guerra Civil, Albert Camus definió mejor que nadie la pesadilla de un sueño roto: “Fue en España donde los hombres aprendieron que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede vencer al espíritu, que hay épocas en que el coraje no se ve recompensado. Es por esta razón, sin duda, por la que tantos hombres a lo largo y ancho del mundo conciben el drama español como una tragedia personal".
Los espadones salvapatrias Aquel 14 de abril es una fecha demasiado lejana en el tiempo y en las conciencias, paradójicamente desdibujada por el continuo debate, que en muchos de los casos adquiere el tono áspero que le imprime todo aquel que desprecia cuanto ignora. Por ley natural, poco a poco, también nos fueron dejando los protagonistas de ‘La generación de la República’ que quizás fue la más brillante de la historia de nuestro país. No nos queda más remedio, por tanto, que escarbar por nosotros mismos entre los millones de páginas publicadas, si queremos alcanzar a entender porqué se frustró la generosidad y honestidad de un sublime esfuerzo por construir la auténtica democracia, el sincero deseo de transformar y modernizar a España entre el recelo de los retrógrados y la premura de los exaltados. En esas mismas páginas descubriremos, que sin embargo todo terminó conjurándose contra los difíciles inicios de unas esperanzadoras experiencias políticas, sociales y culturales que pocos años después quedarían sesgadas por los espadones salvapatrias que nos arrojarían a una larga dictadura inmisericorde.
Todas contra la República Por un lado las “fuerzas vivas", las sempiternas casta militar y jerarquía eclesiástica, los postineros aristócratas y los caciques dueños de vidas y haciendas. Por otro lado la desbordada pasión libertaria sumida en su particular utopía que desconfíaba de los lentos pasos de la reforma, demandando la inmediatez de un paraíso en la tierra. Las llamadas fuerzas revolucionarias comunistas con una sospechosa estrategia dictada desde Moscú. Los anarquistas de sangre caliente y gatillo fácil junto a otros tantos grupos marginales que ayudaron de forma signifiticativa a sembrar el caos. Como telón de fondo para tan compleja escenografía, dos sombras inquietantes: el desastre de la economía mundial tras el crac del 29 y el atemorizador triunfo de los fascismos.
Cuatro historias de la República Cuando vemos cómo se aleja y se desdibuja en el tiempo aquel exultante 14 de abril, apreciamos que apenas si nos deja en las retinas algunas fotos que los años tratan de virar hacia el sepia del olvido, pero que aún mantienen intactas los gestos de euforia de sus personajes. Es el momento en que se nos ocurre que para conmemorar una fecha como la de hoy, deberíamos regresar al testimonio de cuatro magníficos periodistas de la época que, a través de sus crónicas, supieron plasmar en directo, desde posiciones ideológicas diferentes, los avatares de aquella aventura esperanzadora que no pudo ser. En 2003, la editorial Destino, con el título de Cuatro historias de la República, recogió en su solo volumen los textos de Madrid, el advenimiento de la República, por Josep Pla; Los enemigos de la República, por Manuel Chaves Nogales; Haciendo de República, por Julio Camba y La República sin republicanos, por Gaziel. En edición impecable de Xavier Pericay y con clarificadores prólogos de Xavier Pla, Andrés Trapiello, Arcadi Espada y el propio Pericay.
Pla, Chaves, Camba y Gaziel Cuatro periodistas, desde posiciones ideológicas contrapuestas e intereses empresariales y personales diferentes, dejaron un enriquecedor mosaico, a través de sus crónicas, de lo que supuso aquel indiscutible revulsivo en la sociedad española. Josep Pla viajaba desde Barcelona a Madrid, la madrugada del 13 al 14 de abril de 1931, como corresponsal parlamentario del periódico La veu de Catalunya, afín a los intereses del señor Cambó. En pocos días, dadas las circunstancias, Pla se convirtió en el comentarista estrella del diario conservador catalán. Chaves Nogales durante mucho tiempo ha permanecido en la memoria colectiva tan sólo por la magnífica y peculiar biografía que trazó sobre el torero Juan Belmonte. En tiempos de la República perteneció a la redacción de la revista Estampa y fue subdirector del periódico Ahora, sus crónicas y entrevistas alcanzaron gran prestigio por su objetividad. En 1937 terminaría exiliándose a Francia por causas que él mismo explica con detalle en el prólogo de A sangre y fuego, el más estremecedor libro de relatos sobre la Guerra Civil. Julio Camba al advenimiento de la deseada República, soñaba con ser nombrado embajador, como Madariaga, Pérez de Ayala o Américo Castro. Su frustración le hizo, de algún modo, perder las formas y escribir con ciertas dosis de resentimiento aunque con la indiscutible genialidad de su humor, unas crónicas ciertamente ácidas y a veces bastante desequilibradas que gustosamente le fue publicando ABC. Gaziel fue el seudónimo con el que firmaba sus artículos Agustí Calvet que como Pla, comenzó su carrera periodística en La veu, posteriormente sería director de La Vanguardia hasta 1936. En sus crónicas del periodo republicano, aparecidas en La Vanguardia y Ahora, reclama constantemente a la clase política, a los partidos y a sus dirigentes, que pusieran remedio cuanto antes a la fragilidad del régimen recién nacido. Como escribió Shakespeare: “El resto es silencio".
La recomendación: Para fijar la historia Tras la imprescindible lectura de estas cuatro extensas crónicas periodísticas sobre una quimera, una utopía, una entelequia, un ideal de convivencia, una forma de ser y estar, un paraíso que se perdió antes, casi, de haberlo podido disfrutar, es recomendable para fijar su historia, el didáctico libro Vida y muerte de la República Española,de Henry Buckley, que fue corresponsal en España del Daily Telegraph durante toda la década de los treinta. Publicado recientemente por Espasa Calpe en su colección Austral, se editó por primera vez en Londres en 1940. Destinado esencialmente a los lectores británicos para tratar de concienciarlos de la política hipócrita que los gobiernos aliados habían llevado a cabo con la democrática República Española. |