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| Alimentos genéticos y alimentos naturales |
| por Ismael Labrador |
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| MIÉRCOLES 14 DE ABRIL DE 2010 A LAS 10:30 HORAS |
| Opinión > Ciencia |
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En la zona de alimentos frescos del supermercado, a un lado se encuentra un tomate con la etiqueta de “modificado genéticamente”; al otro, el mismo tomate con la etiqueta de “cultivado de forma natural”. ¿Cuál elige? Estoy convencido de que un alto número de consumidores se decantaría por el “natural”. Existe el convencimiento de que todo lo que suena a modificación genética es pernicioso, artificial y de dudosa calidad alimentaria. Por el contrario, también tenemos el prejuicio de que aquel alimento asociado a lo ecológico, lo natural o lo biológico, etiquetas por otro lado de contenido vacío, son de una calidad superior y están libres de toxinas nocivas. Y en esa ignorancia nos movemos por el supermercado llenando el carrito de alimentos cuyos envases hacen alusión a alguno de estos términos. Pero no se engañen, porque los alimentos naturales no existen. Además, casi todos los vegetales que consumimos han sido modificados genéticamente, aunque no por un cruel laboratorio que juega a ser Dios, sino por la simple actividad agraria que llevamos practicando desde hace milenios.
Vayamos por partes. Primera: ¿qué quiere decir eso de que los alimentos naturales no existen? Si usted sale a pasear por el monte difícilmente verá una tomatera salvaje, ni una planta de judías autóctona que crece en la ribera de un arroyo, ni tampoco un naranjo que prende sus raíces en un bosque con otros naranjos. Salvo los espárragos, las setas y un puñado de especies más, no hay vegetales aptos para el consumo humano que crezcan de manera libre en la naturaleza. Y es ahí donde entra la segunda parte, porque las frutas y verduras que compramos en el supermercado han sido modificadas genéticamente por el hombre a lo largo de siglos para adaptar su cultivo, propiedades y sabor a nuestro consumo. Muchos asocian la modificación genética de alimentos con investigaciones en laboratorios y experimentos de probeta. Nada más lejos de la realidad. La simple combinación de semillas, esquejes e injertos de unas variedades de plantas sobre otras es una práctica común desde hace milenios, cuando el hombre abandonó el nomadismo y desarrolló la agricultura. Desde entonces el objetivo ha sido siempre el mismo: conseguir la mayor producción posible con el menor esfuerzo. Y para ello se fueron seleccionando y modificando variedades de vegetales hasta conseguir, por ejemplo, un tomate que puede estar varios días fuera de la planta sin pudrirse. O un trigo que soporta mejor el frío invierno. O unos cítricos que contienen más cantidad de azúcar y, por tanto, resultan más dulces al gusto. Todo esto, de manera inconsciente, ha modificado paulatinamente los alimentos hasta que éstos se han adaptado a un sistema, el agrario, donde dependen exclusivamente del hombre para su supervivencia. Si el hombre abandonara la práctica de la agricultura, miles de especies vegetales desaparecerían del planeta.
Con los avances modernos en el campo de la genética, ahora podemos estudiar mejor cómo se comportan estos vegetales y acelerar el proceso de modificarlos para mejorar sus cualidades y adaptarlos a nuestras pautas de cultivo y consumo. Es lo mismo que Mendel hacía con sus guisantes en el siglo XIX, pero utilizando técnicas que nos permiten adelantar los resultados. En eso consiste la manipulación genética moderna de los alimentos. Pero, al margen de ello, no se deje engañar por faltas etiquetas de marketing y publicidad que pretenden cubrir determinados productos con un halo de relación directa con la naturaleza. Porque decir que un tomate ha sido cultivado mediante procesos biológicos es insultar la inteligencia del consumidor. Aunque mayor es la estupidez que puede leerse en las etiquetas de algunos productos: “Cultivado sin fertilizantes químicos”. ¿Acaso existen los fertilizantes físicos? ¿Es que el estiércol de vaca no produce reacciones químicas? |
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| Comentarios |
| el autor del blog |
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| jueves 22 de abril de 2010 a las 11:08 horas |
A Menuda Basura: Existen en tu comentario varios puntos que me gustaría matizar. El primero, la 'naturalidad', por llamarlo de alguna forma, de una planta no depende ni del tiempo de adaptación ni las modificaciones hechas en laboratorio. ¿Acaso es natural vacunarse antes de viajar a Kenia? Respecto al tema de las patentes, no puedes patentar una semilla de tomate, pero sí el proceso que te lleva a modificar ciertos genes de ellas y, por tanto, el resultado de ese proceso.
Otro tema interesante es su comentario acerca del negocio. Por supuesto que hay una rentabilidad económica de trasfondo, pero también una vía para mejorar nuestra calidad de vida. Porque, si queremos que todos los supermercados occidentales estén abastecidos con la mayor cantidad de comestibles posibles cada día, habrá que buscar alguna forma de maximizar la producción de dichos comestibles. La transgenia es un método para lograr que una planta sea más productiva, o se adapte mejor a un determinado terreno de cultivo, o florezca en determinadas condiciones climatológicas inicialmente adversas.
Otro detalle curioso es el de "cultivar las variedades que se han cultivado durante toda la vida en cada lugar". ¿Sabe desde hace cuánto tiempo de cultivan tomates y pimientos en España, por ejemplo? Son plantas que trajimos de América y que, por tanto, fueron introducidas en un lugar donde "de toda la vida" no se había dado dicho producto.
No quiero que todo esto sea malinterpretado como un alegato en pos de la alteración de los ecosistemas o la agricultura intensiva de los cultivos transgénicos. Indudablemente necesitamos controles, garantías de que dichos procesos no constituyen un riesgo potencial para la salud y el medio ambiente. Y en ese camino andamos. |
| Menuda basura |
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| miércoles 21 de abril de 2010 a las 17:53 horas |
Sí, muy bonito, pero comparar unos procesos llevados a cabo en el entorno de las plantas a lo largo de cientos de añops (evolución de los productos) con un proceso de modificación en laboratorio de la noche a la mañana me parece un poco de chiste.
Básicamente, la posibilidad de modificar genéticamente unas semillas beneficia al proceso de negocio, desde el que patenta la semilla (¡increible, se puede patentar la naturaleza!), pasando por el agricultor y llegando al que compra. Es decir, es una cuestión de dinero, no de otra cosa. Se trata de introducir cultivos extraños a un entorno que van apartando a los que DE FORMA NATURAL están adaptados a dicho entorno. En definitiva, se ataca a la biodiversidad y a la variedad.
Y si hay problemas con los bichos... pues se compra el insecticida que, oh, qué curioso, te va a vender el mismo laboratorio (ojo, repito, laboratorio, no agricultor que hace un cruce o injerto) que ha patentado una semilla, porque dentro de la modificación ya se ha previsto el uso de dicho insecticida.
¿Y no sería mejor que se dejen de rollos de estos y se dedicaran a cultivar las variedades que se han cultivado durante toda la vida en cada lugar? |
| el autor del blog |
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| lunes 19 de abril de 2010 a las 15:24 horas |
| Imagino que la irradiación de alimentos se refiere al proceso conocido como pasteurización fría. Sí, he oído hablar de él. En la página web de la Organización Mundial de la Salud se pueden encontrar (y adquirir) informes e investigaciones al respecto. Éste es uno de ellos: http://apps.who.int/bookorders/espagnol/detart3.jsp?sesslan=3&codlan=3&codcol=10&codcch=890 |
| anitalkala |
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| sábado 17 de abril de 2010 a las 15:24 horas |
| ¿Y has oído hablar de la irradación de alimentos? http://www.sagan-gea.org/hojared_radiacion/paginas/Radiaci%F3n_de_alimentos.html |
| d |
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| viernes 16 de abril de 2010 a las 19:21 horas |
| http://ecodiario.eleconomista.es/internacional/noticias/2066217/04/10/Danone-retira-de-la-EFSA-la-solicitud-de-alimento-saludable-para-sus-productos.html |
| el autor del blog |
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| miércoles 14 de abril de 2010 a las 17:19 horas |
Sí, efectivamente lo "biológico" y "ecológico" está perfectamente regulado. Te agradezco el matiz. Precisamente debido a ello una conocida marca de yogur tuvo que cambiar su denominación porque su producto no se ajustaba a esa regulación de "biológico".
Lo que quiero reflejar con este post -y siento no haber sido más explícito- es cómo la industria de la alimentación intenta crear conceptos de "bueno" o "malo" utilizando la relación de sus productos con la naturaleza. Respecto a la transgenia, el hombre, desde el origen de la agricultura, ha modificado genéticamente variedades y especies enteras de plantas para adecuarlas a sus métodos de producción y consumo, lo cual no quita que se deban vigilar y controlar las transformaciones aceleradas que se producen actualmente en los laboratorios. |
| agüero |
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| miércoles 14 de abril de 2010 a las 15:37 horas |
Sólo un comentario. Los biológico y ecológico en alimentación está perfectamente regulado, y llevan las etiquetas de los comites reuladores correspondientes que dependen de cada comunidad autonóma. Las reglas de juego están claras desde la producción, transformación y distribución.Así de que de contenido vacío nada.
Respecto a lo modificado genético, hoy en día quedan muchas dudas sobre su inocuidad sobre la salud humana, por lo que en absoluto se está aplicando el principio de precaución. Por otra parte, y de esto hay más pruebas, se están producciones afecciones sobre el medio ambiente por la contaminación genetica y efectos negativos sobre las especies.
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