|
El golfista norteamericano Tiger Woods volverá a la competición el mes que viene. Y la expectación alrededor de su retorno es colosal, con más concesiones al morbo que interés por el rescate de uno de los deportistas más grandes de todos los tiempos.
Tiger Woods, rey de golf mundial y un verdadero millonario, cayó en desgracia el otoño pasado cuando salió a la luz que engañaba a su esposa. El rosario de sus continuas infidelidades dio lugar a tanto escándalo, como uno de los motivos que se esgrimieron para explicar un comportamiento tan inesperado en el que pasaba por ser un atleta y un caballero ejemplar: la adicción al sexo. Las firman que usaron su imagen para la publicidad, fuente de gran parte de sus ingresos, le abandonaron a su suerte, así como una larga nómina de colegas y amigos.
En una sociedad como la estadounidense, donde la imagen pública es sagrada y la moral es casi tan poderosa como las leyes, lo sucedido a Woods tiene difícil perdón. Sin embargo, continúa siendo el mejor golfista del mundo y uno de los más grandes de la larga trayectoria de este deporte. Su vuelta a los greens ahora, rodeada de absurdas medidas de seguridad para que ninguna mujer se le acerque, no parece destinada a recuperar a ese grandioso deportista. Más bien trata de impedir su ‘muerte social’ en un mundo con demasiada hipocresía. |