Brecht y el carro de la Coraje
por Vicente A. Serrano

JUEVES 18 DE FEBRERO DE 2010 A LAS 18:20 HORAS
Opinión > Cultura
 
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Enfrentémonos ahora con Ana Fierling y con sus hijos. Con sus hijos, que mueren, como podrían morir los nuestros, en una guerra, y con ella, que nos enseñe a todos la terrible mezcla de humanidad y de egoísmo a que pueden llegar las personas que no mueren en la guerra y han de sufrir las más penosas deformaciones bajo la presión implacable de un mundo injusto y torpe". Con estas clarificadoras, valientes y sobre todo arriesgadas palabras para los tiempos que corrían, cerraba Antonio Buero Vallejo el programa de mano de Madre Coraje y sus hijos para el primer montaje en España, traducido por él, con Amelia de la Torre como actriz protagonista y dirigido por José Tamayo en el teatro Bellas Artes de Madrid, en 1966.  

Brecht y Queipo de Llano
La abundantísima obra dramática de Bertolt Brecht, nunca parte de cero, siempre está trufada de adaptaciones más o menos fieles o apropiaciones más o menos confesadas de clásicos y contemporáneos. Teatro didáctico, punto esencial de su credo marxista, con la realidad histórica reinterpretada para sus fines, en cada momento de los que le tocó vivir. De este modo encontramos antecedentes de la Coraje en su particular versión dramática de La madre de Gorki, estrenada en Berlín en 1932. Pero sobre todo en Los fusiles de la señora Carr, curiosa pieza corta, escrita en 1937, que se desarrolla en la costa andaluza, tras el brutal ataque llevado a cabo por la marina y la aviación franquista contra la población malagueña en su desesperada huida hacia Almería. Como telón de fondo Brecht utiliza las alocuciones del general Queipo de Llano atemorizando a la población. Y de nuevo, como en La madre y en Santa Juana de los mataderos, la heroína –que se resiste a entregar a sus hijos para que sirvan de carne de cañón: “No llevaré yo a mis hijos en un carro al matadero"–, termina convertida a la militancia.

Un carro alrededor de todas las guerras
Madre Coraje y sus hijos se estrenó en plena Segunda Guerra Mundial, aunque eso sí, en terreno neutral, en Zurich (Suiza) el 19 de abril de 1940. La acción se desarrolla durante la sangrienta Guerra de los Treinta Años (1618-1648) que sumió a toda Europa en el hambre, la enfermedad, el sufrimiento y la muerte. Inspirada fundamentalmente en la novela Simplicius Simplicissimus, escrita en 1668 por Grimmelshausen que fue soldado durante aquella guerra de religiones  y que describe fielmente el salvaje comportamiento de los ejércitos, mercenarios que vivían del pillaje y la devastación. En su afán de teatro épico y didáctico toda la obra es una clara advertencia sobre el peligro que suponía Hitler en aquel momento. El negocio de la guerra simbolizado por ese carro que gira sobre sí mismo, conducido por Ana Fierling, en constante lucha interior entre su instinto maternal y su afán de lucro.

La trayectoria del distanciamiento
Como es lógico Brecht se había visto obligado a abandonar su país en 1933 cuando el Fuhrer subió al poder. Su obra Terror y Miseria del III Reich, se distribuyó clandestinamente en Alemania. Como represalia se le retiró la ciudadanía alemana. Tras un largo peregrinaje por diversos países europeos, finalmente se exilió en Estados Unidos, pero poco más tarde, en 1947, el senador McCarthy lo someterá a un proceso en el Comité de Actividades Antinorteamericanas. Regresa a Europa y decide asentarse en el Berlín oriental donde crea el Berliner Ensemble, compañía y taller de dramaturgia con una imposición claramente políticas. Se hacían lecturas de clásicos marxistas y se dedicaban dos horas semanales al estudio del tema. Aunque como escribe Ángel Facio: “Todos esos textos parecen escritos por un instructor del Frente de Juventudes. Brecht intenta compatibilizar su condición de poeta rebelde y progresista con lo que él creía una obligación moral de servicio a la causa del comunismo, pero que en realidad se concretaba a la sumisión a un arte oficial que le costaría la vida a los más interesantes creadores de la Europa del Este". Palabras para ilustrar perfectamente con una revisión de la película La vida de los otros.

El siempre imprescindible regreso de la Madre Coraje
A pesar de sus controvertidas posturas ideológicas del último momento,  la contundente dramaturgia de Brecht siempre requiere una continua revisión sobre los escenarios. Tal vez por eso resulta imprescindible que Madre Coraje regrese entre nosotros, al menos cada veinte años. Decía Giorgio Strehler que “el teatro puede ayudar a que este mundo se haga distinto y mejor". En tiempos difíciles para la lírica y la denuncia, José Tamayo tuvo el valor de estrenar Madre Coraje en 1966, con  la impecable versión de Buero Vallejo que después ha servido para los dos montajes posteriores del Centro Dramático Nacional. El de 1986 estuvo dirigido por Lluís Pasqual, eran los años de la insumisión y el controvertido referéndum sobre la OTAN. Veinticuatro años más tarde, otro director del CDN afronta el compromiso de volver a exponer encima de un escenario la lógica perversa de la guerra para tratar de hacernos reaccionar, porque a pesar de Strehler, el teatro aún no ha conseguido alcanzar su ansiada meta de que este mundo sea distinto y mejor. Hoy Gerardo Vera escribe en su programa de mano: “Como ella [La Coraje], todos vivimos en ese precario equilibrio entre lo que siempre soñamos hacer (nuestros ideales) y las pequeñas traiciones a las que nos vemos obligados para sobrevivir cada día (nuestras miserias)”.

La recomendación. Más allá de las tablas
Con toda lógica, la recomendación esencial para el teatro es asistir a sus representaciones, afortunadamente aún no han logrado digitalizarlo. Madre Coraje y sus hijos, de Bertolt Brecht se acaba de estrenar en el Teatro Valle-Inclán de Madrid con un montaje soberbio e innovador de Gerardo Vera, basado fielmente, una vez más en la versión de Buero Vallejo. Después, a los textos de teatro, como a la poesía, se regresa de vez en cuando por impulsos. Tal vez por ello, una vez vista la función, os sintáis en la necesidad de recuperar los parlamentos de Anna Fierling. En la colección del Centro Dramático Nacional, se acaba de reeditar esta imprescindible obra de Brecht, acompañada con las fotos de Ros Ribas sobre el montaje.


Comentarios
Vicente Alberto
domingo 21 de febrero de 2010 a las 14:15 horas
Rosa:
No sólo Brecht, sino toda una legión de escritores e intelectuales que se sintieron "seducidos" por el aparato de propaganda soviética, que escudándose en la lucha antifascista, en los mismos años que Hitler y Stalin pactaban su alianza, captaron en sus filas a una élite intelectual que tardaría mucho tiempo en reaccionar ante el engaño. Algunos nunca lo hicieron. Otros siguen aplaudiendo regímenes como el cubano. Como soy un recomendador nato te sugiero la lectura del libro de Stephen Koch, "El fin de la inocencia" (Ed. Tusquets) sobre la seducción de esos intelectuales y "Koba el temible", de Martín Amis, (Ed. Anagrama) sobre la figura de Stalín y su exterminio de veinte millones de rusos.
Rosa Sánchez
domingo 21 de febrero de 2010 a las 13:04 horas
En mi opinión, la servidumbre a los 'aparatos' de la propaganda del bloque comunista arruinó el talento de magníficos creadores como Brecht. ¿No cree usted, señor Serrano,que podría haber dado mucho más de sí? Gracias y enhorabuena por sus artículos y por sus recomendaciones.
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