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Lo siento. Pudimos parar la catástrofe... pero no lo hicimos". Esa petición de perdón, acompañada por los rostros envejecidos de Barack Obama, Nicolas Sarkozy o José Luis Rodríguez Zapatero en un hipotético 2020, conforman el contenido de la impactante campaña publicitaria puesta en marcha por Greenpeace a una semana de la Cumbre de Copenhague. Con ella, el colectivo ecologista traslada al lenguaje publicitario la audacia que siempre suele acompañar a sus acciones de protesta. Echar en cara así a los líderes mundiales su indiferencia ante el cambio climático produce impresión, como poco. Y más allá de lo exagerada que pueda ser la alarma, sí sirve para hacer una llamada de atención no sólo a los políticos, sino también a la ciudadanía mundial. El rechazo de las grandes potencias a reducir sus emisiones contaminantes, lo que condena a la cumbre medioambiental de Copenhague al más absoluto fracaso, demuestra que la protección del entorno no está asumida aún como una prioridad por los gobiernos. Aunque maleado por los excesos de la retórica progresista, el objetivo del desarrollo sostenible, como creación de riqueza compatible con la protección de los recursos naturales, será de imprescindible aplicación más pronto que tarde, con todos los sacrificios y renuncias que ello llevará aparejado. Tomemos los anuncios de Greenpeace, pues, sólo como un tétrico aviso. |