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XAVIER COLÁS
Es triste pero es ley de vida y también del arte. Es siempre en los momentos más amargos cuando creamos cosas que valen la pena. El dilema hamletiano labrado estos días en cenáculos y poltronas es si hay que clamar primero y recortar después o si el orden ha de ser el inverso. He leído un titular en un blog que, al menos, retrata con pureza lo que ha llevado a cabo Rajoy en los últimos 12 meses: “Prometer hasta meter”. La pátina soez que recubre a la frase viene eclipsada por lo obsceno de la verdad que desvela. Rajoy se encamó con la curva de Laffer, que predice más recaudación si se piden menos impuestos. Pero la ha dejado plantada en el altar y nadie pide firmas por ella.
Sigo pensando si estamos doloridos o temerosos, repuestos o confiados, al ver disminuir lo que tenemos y aumentar lo que nos corresponde aportar. La imagen de vice Soraya flanqueada por las gárgolas del Gobierno hizo aflorar algo de patriotismo en mi corazón, y sólo por eso me gustaría ver la escena estampada en los billetes de tres euros.
El algoritmo es prometer hasta meter, digo, pero luego hay que recortar hasta remontar. Hubiese sido mejor hace años simplemente cumplir con lo que es el deber de un gobierno honrado: repartir bien, guardar para mañana, dejar hacer al que sabe y vigilar al que se pasa. Pero las liendres están tocando el piano dentro del fuerte desde hace demasiado. Hay que tener muchas patas para que la cosa pública te deje mandar.
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