ALONSO GUERRERO
La democracia de pega que tenemos nos ha enseñado, sobre todo, a aullar. Aullamos sin consecuencias, porque nos lo ha enseñado una educación de naranja mecánica. Perros ladradores y poco mordedores. Después de interiorizar ese aullido, a base de meter sinvergüenzas en la política y abrir campos de fútbol, ahora no sabemos cómo quitarle la mordaza para que se manifieste, se desboque y nos represente. Cuando queremos regenerar, aullamos. El 15-M, la lucha contra el desahucio, los escaños de IU y UPyD, aullidos. Hemos aullado y seguiremos aullando hasta desgañitarnos, sin que esta clase política deje de regar las macetas sobre la acera en la que dormimos.
Los periódicos, los debates inanes de las televisiones, los parroquianos tendenciosos, las campañas orquestadas contra fulano y beltrano, los medios de opinión acumulados para que no haya resquicios por los que asomarse a ninguna otra verdad, todo es un intento de segregar y diversificar ese aullido que lanzan los que tienen trabajo y los que sólo tienen conciencia. Durante el franquismo, la televisión metió ruido en el silencio de las casas. Ahora, al contrario, acalla, intenta amordazar el aullido atronador de la calle. Por fin hemos comprendido que la política nunca atenderá a razones. No es el material que maneja y, de todas formas, sería imposible explicar lo que la derecha y la izquierda están haciendo por acabar con las conquistas individuales y colectivas de los últimos setenta años.
El poder intenta canalizar ese aullido: el deporte de misa diaria, las elecciones demediadas que nos han colgado, esta política de la indiferencia, los juicios sin sentencia, los crematorios instalados al fondo de las oficinas de trabajo temporal. En Facebook y Twitter sólo hay mensajes de odio. Las redes sociales son foros de odiadores anónimos que se liberan hilo a hilo, para no maniatar al que lo siente. Ahora que la Navidad se ha convertido en la barra de un trilero, y sólo incita a consumir a los que tienen pasta gansa, habría que volver al poema de Ginsberg, Aullido, Owl. La poesía social es la única que vamos a poder permitirnos. Nadie te va a demandar 13 millones de dólares por bajártela.
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