Estamos muertos
por Antonio R. Naranjo

LUNES 19 DE DICIEMBRE DE 2011 A LAS 18:57 HORAS
Opinión > Política
 
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Empecemos por el principio: estamos muertos. No lo sabemos del todo, pero lo estamos. Aún más: no tenemos dónde caernos muertos. Como a Mozart, que nació genió y murió con tos en una sepultura de caridad, con el rostro hundido en el barro para enseñar un culo triste y anónimo a los curiosos.

 

A partir de ahí, no importa demasiado si Amaiur tiene grupo parlamentario propio, si el PSOE renueva a Rubalcaba o se echa al monte bajo, con hierbas aromáticas; o si Gallardón es ministro de Defensa o se defiende en algún ministerio. Casi todo es irrelevante, de un tiempo viejo pero no tan antiguo en que discutíamos sobre la fusión de La Sexta, la edad correcta de jubilación o la conveniencia de tener una universidad en el pueblo.

 

Básicamente, hay un antagonismo ya irremediable entre los ideales, las costumbres, los derechos, los privilegios y las aspiraciones y una realidad compuesta de una combinación endémica de burbujas: el aire de la que explota infla otra, que a su vez procrea una más en una cadena vírica que no tiene remedio.

 

Casi resulta entrañable, en su irresponsable infantilismo, seguir creyendo que un partido defiende el Estado Bienestar y otro no cree en él, como si estuviera en manos de alguno cuadrar una cuenta tan insondable como el Teorema de Goldbach, un sudoku del alma que martirizó durante décadas a los mejores matemáticos.

 

Tal vez haya un remedio. Decir la verdad. No discutir, desde un sofá o en la calle, la certeza de que el único antídoto es borrar la memoria de recuerdos recientes, abandonar el conservadurismo atroz que sustenta los mensajes presuntamente progresistas y empezar a cuadrar como sea la única cuenta que está en manos del Gobierno: no gastar mucho más de lo que se ingresa y gastarlo en lo importante.

 

Es probable que, hecha esa operación con dignidad, sigamos estando muertos: el dinero virtual que ha transformado la economía real en un puesto de pipas sepultado en una pirámide ficticia de euros, dólares y valores puede ser bien capaz de arramblar con la ejemplar aritmética cotidiana.

 

 

 

Pero si hay una esperanza, ésta pasa por dejar de creer en los Reyes Magos y en el averno y comenzar una intensa quimioterapia sin demasiada demagogia. Rajoy no es Churchill, pero su discurso de investidura se ha parecido bastante al "sangre, sudor y lágrimas" que prometió el premier británico para responder con emociones a los misiles de Hitler.

 

Luego perdió sus Elecciones Generales, pero ganó la guerra: si alguien sigue pensando que esto va aún de oponerse a una reforma laboral, quejarse por el control del gasto sanitario o discutir sobre los puentes festivos, tal vez perdamos la última oportunidad de resucitar de entre las tinieblas.

 

Como estamos muertos, no se lo pongamos demasiado fácil a Caronte, que ya ha atracado su barca en esta laguna Estigia de gloriosos esqueletos, inasequibles al desaliento y convencidos de que aún tiene sentido discutir por cómo les queda la ropa.


Comentarios
Bartolo Jimenez
lunes 26 de diciembre de 2011 a las 16:16 horas
flp, con un pensamiento tan profundo te has tenido que quebrar seguro, o no.
flp
martes 20 de diciembre de 2011 a las 12:46 horas
La frase de su articulo con la que parece que todos podemos estar de acuerdo: "no gastar mucho más de lo que se ingresa y gastarlo en lo importante" el gran problema es que puede que lo que a mi me parece importante no se lo parezca a usted, o sí.
Un saludo
Un Señor de Madrid
lunes 19 de diciembre de 2011 a las 19:57 horas
Estimado señor director, el mundo se divide en dos tipos de personas los que mandan y los que se dejan mandar. Aquellos que mandan en este caso es el sistema financiero, esos a los que hemos tenido que rescatar y el futuro presidente los ha definido esta tarde como sistema circulatorio. Ese sistema circulatorio por otro lado necesario, pero que siempre gana dinero, desde hace semanas cuenta con el grifo abierto de financiación a menos de 1% de interes sin conocer sus estados de cuentas y viabilidad y compran deuda pública con una rentabilidad superior al 5% que terminará aún más con el tiempo axfisiando el sistema de financiación pública, se lo explico irremediablemente los estados entrarán de nuevo en recesión.

Gastar menos de lo que se ingresa siempre esta bien, pero para eso no necesitamos a un ministro, seguro que en su madre en sus tareas cotidianas como ingeniera financiera doméstica se lo habrá visto un millon de veces. Las medidas deben ir acompañadas de crecimiento, productividad y previsión y para esto si es necesario diseñar políticas de futuro y planificarlas, pero claro la mentalidad del español es cortoplacista, sesgada, manipulada y con miras a cuatro años.

En definitiva más y mejor mentalidad europeista y menos futbol!
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