"Sobre el mensajero":
“Tu mensajero es como una espada que tienes en la diestra: mira bien su filo y no hieras con ella antes de aguzarlo. Pues el mal que produce una espada mohosa se vuelve contra el que, sin saberlo, lo blande.”
Abu Muhammad Ali Ibn Hadm (Córdoba 994 -1063)
Traductor Emilio García Gómez

Por fin repiquetean los martillos percutores tras los muros románticos de los cuarteles, con cierta continuidad, respira el edificio entre estertores. Hay vida. Hay esperanza.
La universidad agoniza asfixiada por el peso de las ambiciones de unos cuantos negligentes. Argumento lo de negligentes para que no suene a adjetivo despectivo y quede como reflejo de realidad.
Un trozo de muro se desprendió y, afortunadísimamente, solo ocasionó daños a un coche aparcado; perfectamente podría haber alcanzado a algún peatón. El coste del andamiaje es una sanguijuela que succiona las arcas, mientras unos y otros se ponen de acuerdo a la hora de rehabilitar el espacio.
Uno escucha, la ciudad es pequeña, las noticias y rumores revolotean veloces como vencejos, en primavera, que despegan desde los patios interiores de la universidad.
Y los discursos que uno oye desprestigian a la universidad profundamente.
Desde fuera, más que fuente de sabiduría, se percibe a la universidad, como un universo de reinos taifas del conocimiento, con derecho a mercadeo.
Me consta que esta universidad posee tan grandes profesionales, como malos hábitos que los eclipsan y amenazan con destruirlos.
Uno opina que dónde no habita la ética, no va de visita la sabiduría; por mucho listo que ocupe la estancia. La negligencia es un síntoma palpable de ética laxa.
Uno de la muga |