El Renacimiento, tan justamente alabado en infinidad de oportunidades, sirve también como gran forjador de la arquitectura contemporánea. Hasta el siglo XVIII, concentra las ideas principales de una pintura que ahora es abordada en profundidad en la muestra Arquitecturas pintadas. Del Renacimiento al siglo XVIII, que nos presentan conjuntamente la Fundación Cajamadrid y el Museo Thyssen y que resume el concepto de representación de las ciudades y sus elementos arquitectónicos.
Las obras aquí reunidas abarcan desde el siglo XVI al XVIII y posibilitan el conocimiento de la evolución técnica de arquitecturas y, sobre todo, su asentamiento como género con independencia propia.
La formulación de las arquitecturas como recursos pictóricos pasa a convertirse en una exhibición de poder de quienes solicitan los cuadros, principalmente reyes, nobles, burgueses y, por encima de todos ellos, la iglesia que, lógicamente, son los únicos que se pueden permitir pagar a los artistas.
Así, el común denominador de este antológico desfile de obras maestras es el paso del tiempo y la memoria. Pero también, la ostentación del poder, la exhibición sin pudor de unos recursos que atraen una nueva mirada hacia un arte que se desvincula un tanto de lo anterior.
Este recorrido se exhibe cronológicamente, en un primer espacio –Museo Thyssen- que se centra en los siglos XIV a XVII y cuyo destino final es el siglo XVIII –Fundación Cajamadrid-. A lo largo de los 13 capítulos en que se ha dividido la muestra, apreciamos la variedad temática de la arquitectura y navegamos por el recuerdo de ciudades que representan el pasado y el presente. La exposición supone un ejercicio de reflexión colectiva de gran importancia que se vertebra en obras que desarrollan escenarios únicos.
Son destacables piezas como La curación del niño endemoniado y la traición de Judas (1425) de Francesco D’Antonio, La Anunciación (1448) de Fra Carnevale o Vista de una ciudad (1520) de Girolamo Da Cotignola, en las que la perspectiva toma protagonismo. La utopía desgarradora es abordada por Van Valckenborgh en La torre de Babel (1595) y el regreso al esplendor y la ruina de los antepasados queda expresado en Capricho romano con el Coliseo de Bernardo Belloto (1746). También hay presencia de Il Canaleto con La plaza de San Marcos en Venezia (1723).
Son 140 pinturas que acogen lo mejor de este nuevo género, destacando artistas como Tintoretto, Hans Vredeman de Vriesque, Gaspar van Wittel, Hubert Robert o Duccio di Buonisegna, entre otros. Todos ellos protagonistas de esta mirada retrospectiva en la que los edificios toman protagonismo, acercando una nueva realidad que se aleja del simbolismo precedente.
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