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PEDRO P. HINOJOS
Hace no demasiado tiempo un empleado de la sección de libros de una gran superficie comercial de las afueras de Alcalá respondió con otra pregunta a la pregunta de una clienta sobre si tenían álbumes de Tintín: “¿De qué serie de dibujos animados es?". Entonces no pertenecía a ninguna. O al menos no a esas series que compiten con Bob Esponja, Doraemon o los pingüinos de Madagascar. Ahora es el protagonista absoluto de una película de animación, o algo parecido, tras un sinfín de intentonas anteriores. Y la han hecho entre Steven Spielberg y Peter Jackson nada menos.
El reportero del tupé y su inseparable fox terrier Milou creados por Hergé llevan 82 años en la carretera y han vendido 350 millones de ejemplares de sus aventuras en más de 70 idiomas, entre ellos el español. Pero está visto que la cultura de masas también presenta algunas limitaciones. Y no es cosa del tontódromo repentino en que, según los más pesimistas, se ha transformado la sociedad –y no nuestra plaza de Cervantes– a consecuencia de la dictadura audiovisual.
El mismo Spielberg reconoce que fue después de estrenar En busca del arca perdida, la primera entrega de las aventuras de Indiana Jones, cuando tuvo conocimiento de la existencia del personaje, del que lo ignoraba todo hasta entonces; y solo por la insistencia de los periodistas que le preguntaban en las ruedas de prensa si se había inspirado en el periodista belga eternamente joven. Dicen que con Las aventuras de Tintín. El secreto del Unicornio se reavivará la tintinmanía a lo largo y ancho del mundo con la multitud que le descubrirá ahora. Pero lo cierto es que no le hace falta al personaje; a su viñeta colorida y clara, a su dibujo preciso, a sus bocadillos de inconfundible cursiva, a su penetrante olor a tinta… |