
Por Paula Ballesteros
Se llamaba María Elisabeth Macías, ejercía el periodismo como jefa de redacción en el Diario “Primera Hora” en el Estado de Tamaulipas, frontera con EE.UU, lugar por donde cientos de personas tratan todos los años pasar al país de las oportunidades buscando tener la suya aunque sea ilegalmente.
Muchos, demasiados, desaparecen víctimas de las mafias que se ofrecen a pasarlos mediante previo pago de una cantidad que toda la familia se esfuerza por reunir. Esfuerzo, riesgo e ilusiones, se transforman en muerte. De muchos desaparecen sus cadáveres, nunca han existido. Los de otros tantos aparecen torturados, mutilados, sometidos a la vejación de no ser nadie ante las autoridades de uno y otro lado que desvían la mirada a cambio de los dólares que les procuran el lujo y poder comerciando con droga y seres humanos.

La vida de María Elisabeht ha sido corta, a los 39 años ha aparecido su cadáver desmembrado y como ironía, bajo el monumento de Cristóbal Colón, aquel descubridor que llegó de la misma madre patria, ciega de corrupción actualmente con la población idiotizada reclamando el derecho a la limosna, a cambio del derecho al trabajo y a la justicia sin disfraz de buenismo.
El delito de la jefa de redacción ha sido, como la de tantos periodistas mejicanos, publicar en la red su denuncia contra el crimen organizado y la ineficacia de todos los estamentos creados para defender al ciudadano. En la última década 66 periodistas han sido asesinados en México y 16 más desaparecidos y la cifra total en los últimos años supera el centenar de crímenes.
Mientras tanto aquí en esta desmembrada España, cuya Constitución y Códigos no son la garantía de un correcto funcionamiento de la Justicia, se sigue manipulando a la sociedad asentada en la gratuidad de los derechos, descendiendo con cada generación en la escala de la dignidad que inculta y manipulada, acosa e insulta a quienes no venden su dignidad a los mismos testaferros, que se enriquecen convirtiendo al ser humano en purines y pienso para cerdos.
La nena de Laredo, de este modo firmaba en la red sus denuncias, como tantos otros profesionales de la información, ponía su vida en riesgo, pero no su dignidad, e informaba llamando la atención de la ciudadanía amedrentada por el crimen con salvoconducto sin caducidad ni límite.

En México está normalizado el crimen, contra la legalidad se muestran en cualquier calle los restos despiezados de cadáveres acumulados como si de otro campo de exterminio nazi se tratase y los ejecutores nada tienen que envidiar a los servidores de un loco alienado, cuyo problema era superar el número de ejecuciones y su sepultura. En México la segunda parte la tienen resuelta, dejan los cadáveres a la vista de todos.
No me resisto a comparar el llamado feminismo que sufrimos en España con mujeres que sin victimismo y arrestos defienden lo que es justo y condenan a quienes lo permiten. Me siento obligada como ser humano, profesional y mujer a manifestar mi respeto y admiración por ella como representante de las féminas que en cualquier lugar del mundo no venden por ningún precio sus principios.
Si existe el cielo, San Pedro como portero no puede reservar el mismo lugar a esta categoría de mujeres que a las que sin preparación que acredite el puesto que ocupan, son capaces de bostezar y estirarse en el sillón que ocupan como representantes de los derechos de la mujer.
Desde el 2005 La ley de Violencia de género está dejando cadáveres con la misma impunidad que los dejan en México y los periodistas que no se venden están entre ellos (en TV española se propuso la medida para revisar las noticias antes de salir en antena); las ruedas de prensa se han convertido en monólogos electoralistas en las que no se permiten preguntas que puedan hacer sonrojar a sus señorías.

La impunidad en la administración del dinero público no tiene veda, la sociedad manipulada se parece a un rebaño de ovejas cuyo pastor se tendiese al sol mientras el perro se ocupa de agruparlas; sin embargo al perro no se le paga ni tiene pensión vitalicia.
Nos hemos convertido en una sociedad estresada, despistada y con mala leche manejada por los que siguen al pie de la letra aquello de divide y vencerás. Nos dedicamos a jorobar al prójimo mientras los Ministerios y sindicatos nos cuestan un riñón y las tres cuartas partes del otro.
En una palabra, somos idiotas destinados a pienso para cerdos: el Senado, cementerio de los elefantes que huyen del gobierno y se refugian en ese organismo que les garantiza el dinero y poder que no obtendrían por méritos y una lápida con su nombre. El resto nos peleamos, manifestamos y cuando ya no tenemos nada aprovechable para su beneficio desaparecemos como lo hicieron los judíos.
Hace 50 años que el eslogan “prohibido prohibir” se extendió como pólvora despertando, tímidamente al principio, el sueño de los que habían sufrido 40 años de dictadura. Actualmente la frase se la han apropiado quienes manejan nuestra vida, demostrando cada día que pasa la verdad de la democracia con la que nos engañan.
La dictadura de la miseria, la idiotez y la pérdida del raciocinio es su mejor aliado para conseguir su cruel despropósito, por eso y porque he visto en este tiempo de descanso terapéutico, algún programa televisivo de los que se sirven para lograr el grado máximo de estupidez colectiva en los que colaboran los llamados periodistas, lamiendo el culo a personajes que yo valoro como escoria y en ellos se nos ponen como divinos de la muerte y modelo a seguir, afirmo que tengo todo el derecho a manifestar todo el desprecio que me indigna y utilizar como pancarta mis opiniones.
No quiero terminar sin rendir todo mi respeto por la mejicana asesinada en el cumplimiento de su trabajo, pedir a la Asociación de la Prensa que reclame cualquier otra titulación que no sea la de periodista, para los que se dedican a cotillear sobre asuntos que no tienen ningún interés social: no es justo para los verdaderos periodistas que utilicen el mismo epígrafe profesional.
No es la primera vez que colaboro con profesionales de México tratando de dar cobertura en este medio a lo que nos les resulta fácil publicar en medios de aquel país, de este modo corre por la red lo que se quiere ocultar. Esto es el verdadero periodismo, en México pagan con la vida, aquí en España con la falta de respeto de momento; y es que la democracia de los borregos lleva a eso. |