El fin de la educación
por Uno de la Redacción

MARTES 27 DE SEPTIEMBRE DE 2011 A LAS 11:19 HORAS
Opinión > Política
 
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ALONSO GUERRERO

 

Parece que, desgraciadamente, en el futuro no se educará en valores, se enseñarán sólo valores. ¿Cuáles? He ahí la cuestión. El conocimiento está en vías de extinción, igual que la sensibilidad. Ni el uno ni la otra son útiles para contener la hipocresía que utiliza el poder político para abrirse camino. Hay ya demasiados indicios de cómo todo se quiere encomendar a la empresa, a los intereses económicos y a las clases que aspiran a ellos. Si la educación no es rentable, se elimina, o se transforma. Siguiendo este proceso, los valores pedagógicos dependerán del tipo de sociedad que la política, para su propio interés, quiera fundar. A la vista está.

 

¿Importa esto a alguien? Sin duda, no a los dirigentes que crean escuelas para que la juventud abrace valores exclusivamente religiosos, o partidistas, o se relacione sólo con los de su propia clase. Sin embargo, el problema en Madrid es que los impuestos de todos no sólo sufragan ese adoctrinamiento, sino los beneficios económicos de una serie cada vez más numerosa de garrapatas políticas, amigas del poder. Eso es lo que esconde la actual libertad de elección de centros: que no es libre. Se empieza a repartir el botín de la Educación Secundaria, algo que sería impensable si la Educación Secundaria tuviera como único propósito transmitir de forma desinteresada ideas sobre el mundo y la vida.

 

Scott Card, en un libro impecable, El juego de Ender, describe una educación que prepara a ciertos jóvenes para exterminar a otra civilización en una guerra. Ellos no lo saben, pero ese juego los instrumentaliza hasta transformarlos en soldados. ¿Pretende algo tan sesgado como eso la actual entrega de la enseñanza pública a manos privadas? Habría que preguntárselo a los políticos, a los empresarios corporativos, a la iglesia. Se criticó, con razón, la asignatura de Educación para la Ciudadanía. ¿Acaso es distinto el móvil de esta educación clasista que quiere instaurar la Comunidad de Madrid? Demasiadas mentiras, demasiada difamación para que no lo pensemos. Espero que podamos seguir enseñando los textos de Cervantes, y no nos los cambien por los discursos sórdidos de Escrivá de Balaguer.


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