La noche de Walpurgis
por Uno de la Redacción

JUEVES 1 DE SEPTIEMBRE DE 2011 A LAS 18:33 HORAS
Opinión > Política
 
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ALONSO GUERRERO

 

El veraneo del español medio se está convirtiendo, año tras año, en un sueño agitado del que despierta, como Gregorio Samsa, convertido en un monstruoso bicho. Salimos de vacaciones en busca de la más absoluta indolencia, del olvido a todo trapo, pero al volver al trabajo hallamos que los políticos han cambiado el país y nos han vaciado el piso, con el pretexto de que es necesario pagar todo lo que ellos firmaron. No se trata ya de la Constitución. Que la cuelguen en la alcayata del retrete, para lo que sirve... La Constitución importa un carajo, sobre todo a ellos. Los políticos que la hicieron, encerrados en el parador de Gredos como personajes de Saló o los 120 días de Sodoma, estuvieron muy por debajo de lo que precisaba el pueblo que los había elegido. Ahora no se trata de la Constitución, sino de llevar a la gente en trenes de ganado hacia un Auschwitz de pequeños y grandes terrores económicos. El trabajo os hará libres.

 

En la Comunidad de Madrid, todo se hace a traición. La Sanidad y la Educación públicas (sólo las públicas) se extinguen o se venden por piezas. Como en la vieja tradición centroeuropea, las brujas y los demonios entran y salen por las puertas traseras de la Asamblea y vuelven el mundo del revés. La noche de Walpurgis. Las mentiras que antes servían para ganar votos son ya más claramente votos que sustentan mentiras. El día de la lechuza, que diría Sciascia. Salimos del estramonio socialista y nos enteramos, tras una noche loca, loca, de que hemos avalado con nuestra firma las hipotecas subprime de EE.UU., la compra del Partenón, las fiestas bunga-bunga de Berlusconi y el paso por Tiffany’s de Bernard Madoff.

 

Que nadie piense que va a enterarse de lo que ocurre. Los trabajadores pueden hacer frente a las deudas que han contraído, pero no si mientras mueren de pie, en lugar de vivir arrodillados, los políticos le pasan el cepillo de la macroeconomía. El otoño, más que caliente, se presenta intolerable. El despotismo democrático que se nos avecina comienza por Madrid. La austeridad es otra mentira. Todo es ideología.


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