Sobre el diseño inteligente y su amenaza en las aulas
por Ismael Labrador

MARTES 30 DE AGOSTO DE 2011 A LAS 09:23 HORAS
Opinión > Ciencia
 
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Si usted quiere ser profesor, debe pasar un largo período de formación y competencia que va, desde la obtención de un grado universitario en docencia -o la obtención de un título que valide su licenciatura universitaria a nivel pedagógico- a una sucesión de exámenes y oposiciones. El objetivo de este camino parece claro: es necesario que quienes se van a ocupar de transmitir conocimientos a las próximas generaciones tienen las aptitudes óptimas para hacerlo de forma adecuada. En conclusión, parece que nos preocupa el nivel formativo y pedagógico de quien enseña a nuestros hijos.

 

Quizás debería preocuparnos en la misma medida quiénes son los que deciden los contenidos que ese profesor va a transmitirle a sus alumnos. Porque si lo que usted quiere, en lugar de ser profesor, es obtener un cargo gubernamental -por ejemplo ministro de Educación-, no hace falta ningún escrutinio formal, ningún título que homologue su formación para poder tomar decisiones y, por supuesto, ninguna oposición. Se puede ser un completo ignorante, o un malintencionado fundamentalista, y tener el poder de decidir qué es lo que enseña en las áulas.

 

La comparación viene al caso de una de las últimas declaraciones que ha realizado en un acto público Rick Perry. ¿Y quién es este señor? Se trata del Gobernador de Texas y aspirante a futuro presidente de los Estados Unidos. De hecho el pasado pasado 13 de agosto anunciaba su candidatura para encabezar las listas del Partido Republicano a la presidencia de Estados Unidos de cara a las elecciones del próximo año. Tras el anuncio, no ha tardado en hacer público cuál va a ser una de las banderas que espera llevar a la Casa Blanca: la del creacionismo. Perry es feliz si en las escuelas los alumnos aprenden que el universo y todo su contenido ha sido creado por un ente inteligente En cambio, le disgusta que la ciencia le lleve la contraria y apunta en dirección a la Teoría de la Evolución, un paradigma que, en opinión de Perry, no es válido:  “Dios es la razón por la que hemos llegado hasta aquí”.

 

De alcanzar la presidencia, el sistema educativo de Estados Unidos puede acabar siendo una fábrica de fundamentalistas del Génesis. Es lo que está consiguiendo en Texas, el estado donde lleva años de largas disputas con científicos y grupos laicos para introducir la teoría que figura en la Biblia como válida para dar una explicación del origen del universo. Así, hace dos años el Consejo Educativo de Texas ordenó a todas las escuelas y centros de enseñanza a poner en duda la Teoría de la Evolución en su programa educativo, instando a que se enseñara a los alumnos la denominada Teoría del Diseño Inteligente, que en la práctica no es sino un intento de vestir el creacionismo bíblico de un cierto lenguaje científico.

 

Rick Perry no es científico. No es ningún investigador. No ha realizado pruebas de campo en palentología, geología, química ni biología. En cambio, se declara un ferviente discípulo de Dios, y traslada este fervor a las aulas que gobierna. La Teoría del Diseño Inteligente es la respuesta que el fundamentalismo religioso norteamericano ha dado a la Teoría de la Evolución para evitar que las próximas generaciones de ciudadanos tengan un conocimiento sobre el mundo y su origen alejado de los textos bíblicos. Pero ¿acaso hay alguna prueba de que esta teoría (que en realidad no es más que una hipótesis) tenga vestigios de validez? No hay ninguna. Ha llegado directamente a las aulas sin aprobar ninguna oposición, sin ser capaz de pasar el mínimo filtro que separe lo que es una explicación completa y basada en datos empíricos de la simple especulación.

 

Por contra, la Teoría de la Evolución ha demostrado ser el paradigma que mejor se ajusta a todos los datos recopilados durante más de 150 años respecto a nuestro origen. Hay miles de fósiles, de rocas examinadas, de pautas biológicas examinadas que apuntan en dirección a que Charles Darwin tenía razón. Y la única razón para pensar que no es así sería encontrar una evidencia que la contradiga. De momento, no ha hecho acto de presencia, pero mientras para ser profesor hay que acreditar que se dispone de la formación y aptitud adecuada para impartir clases a las próximas generaciones, basta ser un fundamentalista radical para llegar a ocupar el sillón de quien decide qué es lo que se enseña en las aulas.

 

La batalla por encontrar la verdad respecto a nuestro origen y pasado debe librarse en los laboratorios, no en los altares. Aunque con una política educativa como la de Rick Perry, puede que quienes dentro de 15 años salgan de la universidad no tengan la capacidad de pensar lo mismo.


Comentarios
el autor del blog
viernes 2 de septiembre de 2011 a las 12:04 horas
El pastafarismo ha sido una de las respuestas más inteligentes que le han salido al movimiento creacionista estadounidense.
Pastafari
miércoles 31 de agosto de 2011 a las 22:26 horas
Sobre esto, la Iglesia del Monstruo de Espagueti Volador surge como reacción a las barbaridades del creacionismo. Un fundamentalista cristiano es igual de peligroso que un talibán.
http://es.wikipedia.org/wiki/Pastafarismo
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