ANTONIO CAMPUZANO
El presidente Zapatero está sumido en pensamientos estrictamente internos, sin proyección al exterior. Ni tan siquiera lo saben esas “tres personas", que adujo cuando la decisión de no presentarse a la reelección. Rumia las ventajas e imponderables de un adelanto o el cumplimiento fiel con el calendario previsto. Ahora mismo está el mismo sentido que anuncia el cartel de la alcalaína Clínica Dental Ruano, donde comparecen los ciudadanos a exihibir molar y premolar con una calma propia de países ya maduros. En el cartel de la clínica, en fondo azul, se dice que “se informa a los pacientes que las horas de las citas son orientativas". A "menos cinco" ó a “y cinco", como dice Miguel Ángel Aguilar, incontestable campeón de la impuntualidad. Ahí anda el presidente Zapatero, como el cartel de la clínica. Pero entre tanto, y paralelamente a las recomendaciones de Ana Mato, directora de la campaña de Mariano Rajoy, que aboga por una campaña “limpia y responsable", con alejamiento de “la radicalidad, el insulto y la demagogia", se abre camino en la política una especie peligrosísima, que cunde entre todos los partidos: se llama el “argumentario", algo así como un conjunto de comentarios y reflexiones sobre los temas del día o de la semana desde la óptica de ese concreto partido. Se dirigen a militantes, amigos, periodistas.
Los pensantes, los think tanks, moldean los mensajes y los lanzan para su desarrollo y extensión. El argumentario éste reciente se hace eco del auto del juez Ruz sobre el asunto Faisán y pasa directamente del documento judicial a Luis Roldán, aquél director general de la Guardia Civil que pasaba los sanfermines en Laos en medio de la nostalgia. El argumentario termina por emparentar esta situación con aquélla, todo a cuenta del candidato Rubalcaba. O sea, otra vez la sindicatura del crimen como se descuide la concurrencia. Por aquí, hace dos semanas, el flamante concejal Javier Bello, en un arranque tan sincero como equivocado esperaba “que Freddy y otros muchos socialistas diesen con sus huesos en Alcalá-Meco". Bien es cierto que Bello se disculpó, pero tener que hacerlo por ese improperio tan colosal deja ese regusto de si alguien verdaderamente, tanto en su partido como en otros adversarios, conocerá bien alguna vez al concejal Bello. Esas imprudencias descolocan de tal manera a la afición que crece el descontento hasta alcanzar al propio valido y número 2 del PP. Hasta noviembre o hasta marzo, no harían poco los responsables de campaña y los receptores de los argumentarios si se comportasen como los pacientes de la clínica Ruano, con esa demostración de entereza con la que se enfrentan al instrumental sanitario, como si fuesen daneses, un poner. Otro poner, el concejal Francisco Bernáldez, asiduo de la casa y asiduo de las buenas maneras. |