ALONSO GUERRERO
En España no se hace política, sino una campaña electoral interminable y lerda. Ante tanto canal de televisión creado para fastidiar al Gobierno o a la oposición lo que apetece es huir a la Puerta del Sol, en busca de ese Walden vecinal, fétido y asambleario que han montado allí. Los dos azotes que padece la política española, el PP y el PSOE, nunca abandonan las maneras de Silvester Stallone. Ninguno de los dos cree en la razón, pero al menos están de acuerdo en que si existiera habría que imponerla a mamporros. El político es un paso atrás en la escala evolutiva, todos sus dogmas han sido formulados para que volvamos al mono. Votamos, pero lo hacemos porque no somos capaces de responsabilizarnos de nuestra libertad.
Entre comicio y comicio, entre las municipales, las autonómicas y las generales se prolonga una eterna campaña electoral. Las actitudes contestatarias, como la del 15-M, a los políticos les parecen incomprensibles. Los virreyes de las Comunidades, los reyezuelos de los Ayuntamientos y los espantapájaros de La Moncloa, movidos por el viento de los mercados, sólo consiguen aparentar que saben de qué va todo. Sin embargo, los políticos son por definición muñecos a cuerda, apáticos a sueldo. Quizá sea mejor pagarles para que no piensen, igual que se paga a tanta gente para que no trabaje. Así, Rajoy no diría que lo importante para salir de la crisis es una educación basada en el bilingüismo y en concertar colegios religiosos. Es como enseñar la genética de Mendel comiendo guisantes.
Esta es la última versión de la España invertebrada, la de los políticos. Están ahí para ganar elecciones, como aquel personaje que interpretó Robert Redford en El candidato, sin saber cómo van a gobernar después. No hay pedagogía que nos prepare para soportar a estos señores. Por eso, nada como unos buenos malos tiempos para darse cuenta de que si huimos de la política y nos buscamos a nosotros mismos sólo vamos a encontrar un banco o una gasolinera puestos por Zapatero, o uno de los patios de catequesis fundados por Esperanza Aguirre, donde enseñan a los niños a hablar en inglés con Dios.
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