Javier Valenzuela, ese hombrecillo que intenta ponerse al frente de pancartas que en realidad le señalan a él, acaba de publicar un libro, titulado “Usted puede ser tertuliano”, como él mismo demuestra allá donde perpetra comentarios escasamente coherentes con su comportamiento: salvo que sea válido ir de paladín de la infancia, un suponer, y comerte luego a los niños como Saturno a sus hijos.
A la izquierda, el crimen. A la derecha, el autor
Hace falta ser una lumbrera para decir que el23-F y la teta de Sabrina son la cumbre de la televisión en España. Y tan pancho, sin alegar como atenuante alguna enfermedad neuronal, deseemos transitoria, que si no pensar, al menos le permita miccionar erguido.
Si no tuviera que trabajar, le escribiría yo a él el libro "Usted puede ser escritor". He de reconocer que sí es bueno como oficina andante del INEM y como electricista: en el Congreso, la Casa de América y la Universidad de Alcalá son bien conscientes de su maña, tan poco progresista, tan cínica, tan machista, tan gauche divine farlopera. Esto es lo que, de un modo u otro, ha dirigido el país, cacareando cada día que, si uno vale para tertuliano o escritor, “Usted puede ser presidente”.
Su amigo, mentor y desconozco si tutor de Pilates, el sobrevalorado Manuel Marín, completa este círculo de antítesis entre lo que se dice y lo que se hace: nunca se repetirá demasiado que este gran hombre, autoproclamado Al Gore patrio, sólo se bajó del coche oficial cuando Iberdrola se cruzó en el camino tras tres o cuatro eras glaciares de enmoquetada lucha obrera: sí, esa empresa que sube la luz a las mismas abuelas a las que han congelado las pensiones con el visto bueno del partido político del que procede el alto ejecutivo.
El siempre concienciado Manuel Marín, haciendo estiramientos de ética tras subirle a usted la luz: la imagen es increíble, pero auténtica
Reconozco el rencor hacia ambos personajes, que agachan la cabeza si me los cruzo, intuyendo con razón que el Hemingway que uno lleva dentro es ése capaz de bajar de las musas del diptongo al teatro de los guantes. Pero es un rencor merecido y soportado en varios hechos incontestables: Valenzuela va enchufando a sus chatis allá donde puedan pagarlas los ciudadanos; y Marín les ha subido la luz a los currelas.
Allá donde se pone un enchufe, se justifica una casa entera inane, innecesaria, para el amigo, la querida, la propia o el afiliado. Que soporta en sus riñones el currito empadronado en la inopia: cada año se dilapidan 50.000 millones de euros en estas bacanales con dinero público que permiten al golfo pasar por santo y al santo le condenan al cadalso.
No hay recursos para actualizar la pensión a los mayores; ni para mantener el subsidio de 400 euros a los parados de larga duración; pero al Marín, al Valenzuela, al Virgilio Zapatero o al Fernando Galván de turno jamás les faltará un caddie para jugar al golf, una segunda -¿o tercera?- residencia en la playa y unas cocochas en la mesa mientras brindan por la República y entonan la Internacional.
El último bodegón de tanto abuso, tanta ludopatía con el dinero público, de tanto desfalco moral, lo tenemos en uno de los nidos donde todos estos personajes han posado sus garras: mientras todos estos hipócritas juegan a los progresistas en los ratos libres que les deja el golf, mientras todos estos vampiros del esfuerzo ajeno succionan hasta la última gota de los recursos colectivos para devolverlos en forma de purines de cerdo; los chavales de la Residencia de Estudiantesde la Universidad de Alcalá se han ahogado en el agua de la lluvia y de la bilis, superados por el deterioro de unas instalaciones que no han querido ni sabido mantener los responsables de hacerlo, con sus sueldos inmorales, sus trapicheos ocultos –por poco tiempo- y sus vergüenzas al aire libre.
Dos meses después de despedir al director de esa residencia sin explicar por qué, escondiendo las razones y hurtándole a la opinión pública qué se ha hecho exactamente con los fondos de la entidad, al rector Galván –que bien podría llamarse Valenzuela o Marín- sólo le ha dado tiempo a esconder las pruebas y dejar que su palafranero de siempre, Daniel Sotelsek, nombre a otro Señor Lobo para limpiar la sangre.
Quien quiera saber por qué España no funciona pero cualquier tonto hace relojes, o escribe libros, aquí tiene una explicación accesible para todos los públicos. Especialmente para aquellos que sólo pueden hacer Pilates cada mañana estirando la rabadilla al coger el tren de Cercanías. So pijos.
Pues si me permite le voy a decir quiénes son Marín, Valenzuela, Galván and company...Aquellos a los que con el pago de sus impuestos les permite beneficiarse de la Universidad de Alcalá, en quién se depositan importantes cifras de dinero desde la Comunidad de Madrid, pero que luego no se traduce en la existencia de una verdadera ciudad universitaria que aporte trabajo, vida y prosperidad a esta su ciudad, también la mía.
Tenga en cuenta que si ese dinero no se destinase a la Universidad, tal vez tendríamos mejores infraestructuras, mejores y más zonas verdes, más y mejor oferta culturas, y un largo etc... Por eso es importante saber lo que hacen y nos hacen.
¿Quienés son Marín y Valenzuela? ¿Quién es Galván? ¿Qué es la Universidad de Alcalá? Es que soy un currito que no tiene tiempo ni para ver la televisión.
La foto de Marín haciendo pilates no tiene precio: viva imagen del cinismo politico, de cómo estos personajillos mantienen un discurso en público y hacen otra vida en privado. Lo mismo con Valenzuela. Va por la vida de hombre concienciado y luego se dedica a algo tan casposo como el tráfico de influencias y el amiguismo para conseguir lo que él y los suyos necesitan. Me he reído muchísimo con este artículo, verdadera fotografía de la España actual, aunque dan ganas de llorar. Lo de la UNiversidad de Alcalá, de vergüenza: menos mal que alguno lo cuenta. Gracias y más así.
No he entendido nada del editorial. Escrito en un lenguaje críptico, aparentemente atrevido, pero que en realidad no se atreve a decir las cosas claramente. Y con la finalidad de cruzarse cuchillos con gente a la que el mismo autor reconoce serio rencor.
Al alcalaíno medio no le interesa un pimiento de todo esto, a pesar de buscar lugares comunes con los que es fácil enganchar la empatía del personal, como la subida de la luz. Espero que la próxima vez busque otros foros.