PEDRO P. HINOJOS
El cielo está más cerca de nosotros desde hace exactamente medio siglo. También ese que vemos desde aquí, velado por el calor africano y los malos humos de Madrid durante el día y desgarrado por los cazabombarderos de la base de Torrejón a todas horas. En 1961, tal día como hoy, un cosmonauta soviético, Yuri Gagarin, se convirtió en el primer ser humano en salir al espacio y ver la Tierra desde donde ningún ser humano se había asomado antes.
A bordo de una frágil bala maciza (la Vostok-1) rodeó desde allá arriba todo el planeta, en una vuelta que duró 108 minutos. Más allá de guerras frías, carreras especiales y propagandas salvajes, la sociedad mundial fue testigo de la épica conquista de una nueva frontera en aquella década en la que todo (lo peor, lo mejor y lo utópico) parecía posible.
Que el protagonista de la hazaña fuera un joven piloto de la inquietante y misteriosa Unión Soviética le dio aún más interés a la gesta. Los americanos siempre han sido especialistas en vender y venderse, pero en aquellos bolcheviques existía un espontáneo brillo de sencillez y humanidad con el que era muy fácil identificarse. De la misma manera que un mito del fútbol como el portero Lev ‘Araña Negra’ Yashin confesaba que su secreto para estar siempre sereno y concentrado era fumar un cigarrillo y beber ‘algo fuerte’ antes de saltar al campo; el piloto Gagarin no pudo ocultar su condición de tipo corriente cuando en una cena con la mismísima reina Isabel de Inglaterra admitió en voz alta que no sabía qué hacer con tantos cubiertos sobre la mesa.
Esa y otras muchas anécdotas agrandaron la figura menuda del considerado, con toda propiedad, el primer ciudadano del mundo. Y una muerte oscura y prematura pocos años después, pilotando un avión de combate, le elevaron a la categoría de leyenda cívica y de icono del siglo XX, como la persona que nos puso el cielo en las manos. Su mérito dura todavía, aunque el nombre de Gagarin no aparezca siquiera en los manuales escolares, expulsado por el conocimiento del medio y de los héroes del terruño.
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