Globalización: proceso económico, tecnológico, social y cultural a gran escala, que consiste en la creciente interdependencia entre los distintos países del mundo unificando sus mercados, sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas que les dan un carácter global.
Bobalización: obra de teatro escrita, dirigida e interpretada por Eloy Arenas -y representada este fin de semana en el Teatro Salón Cervantes- en la que se hace una crítica mordaz e hilarante de la globalización y del tipo de vida al que nos puede conducir.
En un futuro no tan lejano y no tan diferente al mundo actual, los jóvenes han dejado sus vidas en manos de las GPT (Guía Para Todo) unos dispositivos tecnológicos que les dicen en cada momento lo que deben hacer y decir y les evitan la “incomoda molestia” de pensar. Las personas tienen miles de amigos pero todos virtuales, experimentan increíbles relaciones sexuales pero sin tocarse en ningún momento y los niños vienen al mundo tras pasar por un orwelliano proceso de selección en función de su futura utilidad para el mercado. Las personas han dejado de serlo y se han convertido en unidades de mercado y los individuos se han diluido dentro de la una sociedad cada vez más deshumanizada.

En este contexto somos testigos del encuentro entre un padre y un hijo, representantes cada uno de una postura ante la vida: el conformismo y la frivolización de lo profundo o el pensamiento crítico y la preeminencia de los valores humanos.
La obra se compone de tres actos que muestran circunstancias y personajes diferentes, unidas por escenas en las que el padre y el hijo asisten al teatro. Los actos ejemplifican, mediante un humor absurdo pero efectivo, distintos aspectos de la globalización. El primero trata sobre la deshumanización que nos convierte en robots diseñados para producir y consumir de forma automática y al final, voluntaria. El segundo desarrolla la pérdida de valores que conduce al hijo a encomendar el cuidado de su padre a un androide y que lleva al padre a terminar aceptando el cariño del robot con tal de no quedarse solo. Y el último se centra en la manipulación que ejercen sobre los ciudadanos la política y los medios de comunicación, manipulación que queda reducida y explicada como el intercambio de trapos sucios entre unos y otros.
La impecable interpretación de ambos actores, aderezada por las desternillantes muecas del televisivo César Camino (inolvidable “Tío Moñas” de Agitación +IVA) ayudan a digerir una serie de cuestiones inquietantes acerca del futuro de la sociedad y de nosotros mismos como individuos, cuyo objetivo, en palabras del propio Eloy Arenas es “hacer cosquillas en el cerebro” de los espectadores.
Puedo asegurar que lo consiguen. |