ANTONIO CAMPUZANO
Al parecer fue en una campaña francesa en los años 70, cuando alguien le preguntó al candidato Jacques Chirac cuánto valía un billete de metro. Y la respuesta estuvo en la línea que señala Roberto Bolaño, en su libro La literatura nazi en América (Anagrama, 2011), cuando los periodistas le preguntaron al piloto de acrobacia aérea y reputado criminal Ramírez Hoffman después de un largo viaje él solo por territorio chileno cuál había sido el peor peligro: “Atravesar el silencio", dijo.
Chirac atravesó el silencio, calló porque no sabía cúanto valía el billete de metro. Bueno, luego no se produjo devastación electoral porque ganó las elecciones a alcalde de París en 1977. En esa línea se ha venido manteniendo esta semana el consejero de Transportes de la Comunidad de Madrid, José Ignacio Echeverría. Todo porque ha sido zurrado convenientemente por dudar tirando a ignorar sobre la existencia del metrobús, frente al convencimiento inquebrantable de su existencia por parte del socialista Modesto Nolla, convicción compartida por los millones que lo compran diariamente en la Comunidad de Madrid.
Esa devoción por el conocimiento exacto del cumplimiento de los programas, de los proyectos, el estudio de las intervenciones con más osados y ambiciosos turnos de réplicas y dúplicas, hacen olvidar a veces lo elemental, lo sustancial. Véase el caso del metrobús o el billete de Chirac. Echeverría, ya veterano político madrileño, es de esas personas con un concepto muy personal del aliño estético y cuidado de la imagen. Por ejemplo, nunca se sabe si va a aparecer afeitado o sin afeitar. Si la barba lucida podrá ser mensurada en días o semanas. Si no quiere o no puede afeitarse. Su ficha biográfica quizá ayude a desentrañar este tipo de preguntas, sus dudas, sus ambivalencias. Es nacido en Tánger, en 1946. Esta ciudad, nido de espías durante mucho tiempo, gozó de soberanía portuguesa, británica, fue condominio hasta los años cuarenta de varios países.
Brevemente, durante el nacimiento del consejero de la duda, perteneció a la geografía española, para a partir de 1960 recaer en la soberanía del reino alauita. Todas estas cosas, parece que no, pero terminan por calar en los personajes. Otros ilustres nacidos en Tánger son Jorge Verstrynge y Bibiana Fernández, también oscilantes en asuntos políticos o de estricta intimidad. Luego se centran, adquieren compromisos inobjetables y ya está. Echeverría, seguramente, y para siempre, sabrá lo del metrobús y similares, y quién sabe, si como Chirac, pasará con nota el asunto electoral. |