PEDRO P. HINOJOS
Apenas cinco días antes de ser intervenida con éxito de un cáncer, y demostrarse de paso que cuando la sanidad madrileña se pone es como el Metro, que no corre sino vuela; la presidenta Esperanza Aguirre anunció que habrá oposiciones al cuerpo de maestros en 2011. Desmentía así a la consejera de Educación, Lucía Figar, que una semana antes había anunciado solemnemente que, por cuestión de rigores presupuestarios y dado que las plazas de profes se podían cubrir con interinos, se cancelaban las oposiciones. La misma Figar, que no se dio por aludida por el ridículo en el que la dejó su jefa y que, por supuesto, ni se le habrá pasado por la imaginación la grosería de dimitir; volvió a anunciar ayer que se ofertarán menos de medio medio millar de plazas para maestros, que se respetarán las severas exigencias de la Ley de Presupuestos y que lo que falta se cubrirá con los interinos.
O sea, que no ha pasado nada; que aquí paz y después gloria. ¿Pero, de verdad, no ha pasado nada? ¿Tendremos la misma educación con o sin oposición, pacífica y gloriosa? ¿O, como parece, no es más que una estaca con la que repartir mamporros a la oposición y a las Comunidades Autónomas vecinas, para este rato al menos? Todos los políticos, de todos los colores, se suelen dar golpes en el pecho para demostrar su fe, su interés, su compromiso y su confianza en la educación, la energía renovadora y redentora de las sociedades; el pasaporte del futuro. Nada más lejos de la realidad, como prueba la yenka que se han marcado la presidenta y la consejera. Pero esto pasará, lo mismo que la polvareda a cuenta del calificativo de “tontitos” que la exministra y diputada Villalobos adjudicó a los discapacitados en un debate en sede parlamentaria. “Hablo como se habla en mi tierra", se defendió su señoría, convirtiendo así a todos los andaluces en cómplices de su borricada. Está claro donde habita la verdadera inteligencia. ¿Qué más dará, entonces, unos maestros de más o de menos? |