Todo se ha dicho y escrito ya sobre la figura de Alejandro Magno, los relatos sobre su vida y hazañas han pervivido en todas las culturas y grandes líderes de la historia han pretendido seguir su estela: Julio César y Octavio Augusto se postraron ante su tumba y Napoleón inició su campaña en Egipto obsesionado con las gestas de Alejandro.
El hombre de carne y hueso que un día existió se ha diluido en la leyenda, se conocen sus campañas, sus conquistas y logros pero poco se sabe de su persona. Algunas biografías y películas han tratado de desentrañar su vida con mayor o menor acierto, algunas de forma desastrosa, como el filme de Oliver Stone, otras de manera didáctica y entretenida como la trilogía Alexandros de Valerio Massimo Manfredi, quien recupera ahora el misterio sobre la ubicación de la tumba del macedonio en su última novela: “La tumba de Alejandro”.
La exposición “Alejandro Magno. Encuentro con Oriente” se centra exclusivamente en la faceta oriental de sus campañas militares, ignorando todo el proceso durante el que se forjó el carácter de Alejandro, su infancia y adolescencia en Pella, la importancia de las enseñanzas de Aristóteles o momentos fundamentales como su paso por Egipto, de donde salió “convertido” en hijo del dios Amón.
El documental “Alejandría, el sueño de Alejandro”, que da la bienvenida a la exposición utiliza la tecnología 3D para introducirnos en las calles alejandrinas, para sobrevolar el mítico faro o para movernos entre los papiros de la mítica gran biblioteca.
Entre las piezas más destacables de la muestra, algunas de ellas nunca expuestas en nuestro país, encontramos una magnifica estela babilónica de ladrillo esmaltado que representa el relieve de un león. Asimismo, resulta de especial valor el retrato de Alejandro Magno Herma Azara del escultor Lisipo (copia romana del original), considerado como el que recoge de forma más fidedigna la imagen real del macedonio y que te permite mirar cara a cara, despojado de toda mitificación posterior al auténtico Alejandro.
Por su peculiaridad, llaman la atención los objetos de la sala “Del helenismo al budismo” que pertenecen al estilo greco budista. Dicho movimiento surgió y se desarrolló en Asia Central entre el siglo IV a.C. y el siglo VII d.C. y alcanzó un impresionante sincretismo entre las tradiciones de Oriente y Occidente. Fue el estilo en que se realizaron las primeras representaciones humanas de Buda, curiosas imágenes en las que Buda muestra algunos atributos occidentales, como la túnica griega.
Es también reseñable la presencia de algunos objetos procedentes del Museo de Kabul, saqueado durante la guerra de Afganistán. Son en su mayoría medallones y monedas del “Tesoro de Begram”, la Alejandría del Cáucaso, ciudad reconstruida por Alejandro en el 329 a.C.
Sin embargo, la exposición tiene algunas carencias, como el excesivo número de reproducciones de piezas en lugar de las originales y cierta falta de continuidad entre unas salas y otras. Y por encima de todo, la falta de pasión expositiva que no consigue atrapar al visitante ni introducirle dentro de la vida del mito. La muestra puede suponer una visita agradable para el público en general pero no aportará nada nuevo a los incondicionales de la figura de Alejandro.
“Alejandro Magno. Encuentro con Oriente” puede visitarse hasta el día 3 de mayo en el Centro de Exposiciones Arte Canal (Paseo de la Castellana, 244) Para más información: www.alejandro-magno.es |