“Grito de paz
Vivan las diferencias
pero nos besaremos
con lo común.
Labios tenemos todos.”
César Sobrón (Vitoria- Gasteiz 1958…)
La violencia es la punta del iceberg, la pústula del grano purulento, la constatación de una patología social e individual, la dificultad para comunicarse con el entorno y consigo mismo.
Violencias en el hogar, en las aulas, en los trabajos, en las calles… violencias espectáculo en las pantallas de televisión. Violencias tapaderas, violencias cortinas de humo.
Siendo consecuencia de la falta de empatía, incapacidad para percibir las emociones del otro, incorporar los matices del pensamiento distinto, la violencia se convierte también en causa de tragedias individuales y sociales.
Hemos sido capaces de erradicar viruelas y sarampiones. Luchamos contra el cáncer, la obesidad, las cardiopatías, el tabaquismo… Cumplimos con lo políticamente correcto, más o menos, en cuanto a las violencias domésticas…
Cuesta renunciar a los beneficios de poblaciones sometidas en juegos violentos. Las rentabilidades de las violencias son muy altas, a corto plazo y para unos pocos que también controlan medios de comunicación y difunden lo patológico como algo normal.
El grito, el menosprecio, el insulto, las descalificaciones, el conflicto… son elementos útiles para activar las atenciones de los espectadores, moviendo las emociones más primarias se anestesian el espíritu crítico y el razonamiento.
Un ejemplo nítido son los panfletos chantajistas de los autodenominados “Gudaris” que pretenden mantener sus poderes y privilegios por los servicios prestados a la patria y se arrogan el derecho de indicar a las naciones fronterizas, los pasos a dar para que no se les disparen las armas, accidentalmente.
Ya lo dijo Gandhi: “No hay camino hacia la paz. La paz es el camino.”
Uno de la muga |