Encuentro
por Juan Antonio Moreno

JUEVES 16 DE DICIEMBRE DE 2010 A LAS 10:55 HORAS
Opinión > Cultura
 
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El circuito festivalero de los últimos años ha contado casi siempre entre sus piezas seleccionadas, y en numerosas ocasiones premiadas, con Abimbowe y Cómo conocí a tu padre, ambas de Álex Montoya. Ahora el director nos presenta Marina –igualmente seleccionada en la reciente edición del Festival de cine de Alcalá– en la que de nuevo toma como punto de partida una simple anécdota, para lanzar sobre ella una incisiva mirada que le permite aunar un discurso cargado de ternura y dramatismo.

En un pueblo pesquero y en la inmensa oscuridad de una noche asturiana, se desarrolla un encuentro casual entre dos seres que van a complementar sus necesidades.

Montoya exhibe una capacidad extraordinaria para dar sentido a un encuentro sexual entre desconocidos. Ambientada en Cudillero (Asturias),  la belleza del entorno se integra como elemento narrativo esencial de la cinta. Y es así, principalmente, por su increíble tratamiento fotográfico. La portentosa iluminación permite que su habitual colaborador Jon D. Domínguez engrandezca los perfiles de sus protagonistas: Andrea Dueso y, sobre todo, Luis Zahera componen unos personajes con habilidad y sutileza.

El mérito del metraje es su facultad de sugerencia. El director controla a la perfección el grado de incertidumbre que se crea entre los actores y logra una atmósfera envolvente que capta la atención de inmediato.

El acento musical de Jorge Magaz permite que la historia camine por esa huidiza senda que dibuja el silencio: de ese silente elemento brotan los mejores momentos de Marina. Por ejemplo, el instante en el que Andrea y Luis cruzan sus miradas expectantes antes de que se cierre la puerta del servicio cuando el marinero lava sus manos. En los ojos de Zahera –grande, su trabajo– se adivina la dureza de su profesión, que contrasta con la delicadeza de su comportamiento.

Álex Montoya saca partido de una historia sencilla que habla de soledad, de sentimientos y también de aprendizaje -la protección que busca la joven en una figura experimentada. Un relato que insinúa situaciones, dejando un vestigio de sabiduría que sedimenta con energía en personas que deben afrontar sus decisiones.

Todo ello dice bastante de la calidad de este director –del que también recordamos El punto ciego, co-dirigida junto a Raúl Navarro–  a quien esperamos pronto con nuevas e inquietantes historias.


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