
Por Paula Ballesteros
Hace pocos días la prensa ha destacado una noticia y seguro que sus titulares han guiado los ojos del lector. Una madre ahoga a su hijo de nueve años en la bañera, mete su cuerpo en una maleta y lo tira en un paraje donde permanece varios años hasta que dos hermanos paseando por el monte, encuentran el bulto y les llama la atención.
A cualquiera le pone los pelos de punta pensar que una madre puede llegar a esos extremos de crueldad con un niño indefenso, cualquiera, pero con el suyo propio resulta anti natura. Las bases del instinto de supervivencia se tambalean, porque no cabe la menor duda de que cualquier especie -resulta patente entre los mamíferos y aves- cuida a sus descendientes hasta que pueden desenvolverse solos.
La especie humana, dependiente durante su infancia en mayor grado que cualquiera, ha orquestado recursos sociales para proteger a los menores cuyos padres carezcan de dicho instinto. Defensor del Menor, Defensor del Pueblo y Servicios Sociales que, según parece, son los encargados de actuar ante cualquier denuncia: de un hospital si el menor es atendido por lesiones, de un profesor si advierte que no acude a clase o lo hace en condiciones de dejadez por parte de sus tutores legales, de un vecino que observe la soledad en que ese niño se desenvuelve... todos tienen mecanismos para denunciar y actuar buscando el bien de ese menor.
Sin embargo, para un simple ciudadano de buena fe resulta complicado saber el trámite que tiene que seguir, todo resulta farragoso y su buena voluntad se diluye entre la burocracia, tiempo y poca conciencia ciudadana que existe. Seguramente la persona dotada de buena voluntad tendría que escuchar más de una vez "qué se habrá creído, quién es ése para meterse en la vida de una familia que atiende al niño".
Resulta que el niño que inspira este post, como paquete postal que no encuentra su destinatario, ha ido y venido, estando sus primeros años alejado de su madre y teniendo como tutores legales a sus abuelos. En la noticia se dice que una de las pistas para identificar los restos era un cómic con la fecha de su muerte, sus iniciales marcadas por él mismo y un carnet de identidad, que al no ser renovado en la fecha que le correspondía, alertó a la policía.
Este dato obliga a pensar que si ese niño tenía identidad en forma de documento, seguramente se le hizo para obtener los beneficios de madre soltera: y aquí entran los Servicios Sociales atendidos en cada ciudad, distrito y población con ascendencia para escuchar la denuncia de un menor a sus padres, la mayoría de las veces a causa de una rabieta y que sin embargo tienen consecuencias para esos progenitores intentando demostrar que son buenos padres y evitar que lleven a su hijo a un Tribunal Tutelar de Menores dependiendo de una Junta.
Esa es una de sus facultades, otra es acudir a un hospital a la llamada de un facultativo que teme diagnosticar los rasguños del niño como una simple caída y acude a ellos por ley, pero otra, la que nos ocupa en este caso, es su papel ante una madre soltera y la protección que se le ofrece para que ese niño goce de los mínimos derechos que debe tener un ser humano en un Estado de Derecho.
Mi asombro ha sido, al remitirme a la búsqueda en Internet de los servicios que ofrece la Xunta de Galicia, lugar de residencia de los abuelos y del niño. Por los Servicios Sociales dirigidos a la infancia en situación familiar complicada, familias monoparetales, madres solteras con hijo, todo aquello que se me ha ocurrido, proliferando por la geografía de cualquier Comunidad Autónoma, con tantos requisitos en sus condiciones para ayudar a quienes lo necesitan, que su resultado es tan inexistente como cualquier cuento de Calleja.
Eso sí, tienen apartados para informar las ayudas a las que tienen acceso personas venidas de fuera con el requisito de estar empadronados en la ciudad donde soliciten los servicios. Incluso, si no he leído mal, para los ciudadanos nacidos en la Comunidad con sede actual en el extranjero. Les adelanto un enlace, advirtiendo que de una forma u otra, lo mismo sucede en cualquier Comunidad, los escaparates son muchos, la mercancía dentro es nula o escasa.
Los años transcurren y César vive con los abuelos maternos, preguntando seguramente, por qué su mamá no le lleva nunca al colegio, no acude a las entrevistas con su tutor como lo hacen otros padres y cuando llega la Navidad o su cumpleaños, no goza de su compañía.

La madre de César, en una imagen de menorcadiario.net: Facebook empieza a movilizarse hasta para pedir la cadena perpetua para ella
Tampoco tiene este niño un padre conocido, su presunto padre solicita una prueba de ADN cuando le ve paseando con su madre y era un bebé, el parecido despierta su curiosidad y ante la negativa de la madre, se satisface. César no ha tenido a nadie que le diese la seguridad que todo niño necesita y el amor de sus progenitores fue sustituido por un Documento de Identidad como seña identificable de su cadáver arrojado como basura.
Ni Defensor del Pueblo, del Menor, Servicios Sociales, familia o profesores han sido responsables de la soledad de un menor al que su madre ocultaba obligándole a que la llamase tía para esconder su grado de parentesco a su nueva pareja.
Ahora, cuando la noticia corre como la pólvora impactando a todos los que su humanidad provoca el rechazo, el Defensor del Menor declara que se pueden estar violando el derecho a la intimidad de César. Está claro que las diferentes organizaciones gubernamentales no tiene claro cuáles son sus cometidos y aunque el resto sufrimos la crisis, los que nos gobiernan procuran hacerse un agujero más en el cinturón para engordar libremente.
Está claro que ni la Ley del Menor ni su Defensor sirven para algo más que para hacerse una foto y con ella tratar de convencer a quienes les pagamos, de que son necesarios.
Sin embargo la Ley de Violencia de Género con la última ocurrencia de Leire Pajín que propone quitar el derecho de los padres acusados de maltratadores, sin comprobar la veracidad de la denuncia, hace imprescindible que al menor privado de uno de sus padres, le defienda alguien y para ello existe este cargo.
Los jueces se manifiestan en contra de esta medida, los padres se manifiestan y luchan por el derecho de sus hijos y esos hijos sufren por causa de una dolencia de esta sociedad. Hemos perdido el instinto de supervivencia de la especie y nuestros niños sufren las consecuencias.
Va por César, el niño que sólo tuvo un carnet de identidad.
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