"Éstos son mis principios,
si no le gustan, tengo otros"
Groucho Marx

Valeriano Jiménez o Trinidad Gómez, o cómo manifestarse contra la reforma laboral y aplicarla luego con la misma soltura con que se porta en 2003 una pegatina del Sáhara que ahora, cuando se puede hacer algo, se esconde y se arranca con la piedra pómez de pelar batracios.
La fotografía de ambos ministros ha de ser vista con la lupa del entomólogo que descubre un nuevo tipo de insecto adaptado al medio y concluye, tras observarlo, que ha dado con el origen de todas las especies: en estos bichos se percibe la formidable capacidad de aclimatación al entorno, cambiando de color y de muda; la mágica posibilidad de actuar como el pez Napoleón, media vida hembra y la otra macho; o el salvaje instinto de la mantis, de cópula a decapitación en un orgasmo letal único.
Hay tendencia a creer -y no sólo en Valencia-que la función política está íntimamente relacionada con el oficio de sastre, el único capaz de entender que las chaquetas son de temporada y el hábito hace al monje siempre y cuando tenga un buen fondo de armario para la mudanza estacional.
Pero es la entomología forense la única capaz de descifrar con plenitud las abracadabrantes mutaciones de la clase dirigente, culminada siempre en una evolución anatómica definitiva: una elongación única del prebóscide, la trompa del elefante o el hocico del oso hormiguero en el mundo de los insectos.

Trinidad Jiménez, cuando para vivir del Sáhara tenía que apoyarle:
ahora, para seguir viviendo de él, debe olvidarlo. El caso es vivir.

El ministro de Trabajo, en la manifestación contra su ministerio: no es descartable que diga que fue como mero homenaje a Aute: "Pasaba por allí"
En unos días, la misma Banca que regaló el dinero que no podían devolverle sus incautos e irresponsables clientes, con la complicidad indigna de las autoridades que ahora echan la culpa al mercado; recibirá una milmillonada del FROB para reequilibrar su tesorería y seguir prestándose dinero a sí misma y a la política.
También se renovará la contribución pública al sistema de alcantarillado que componen las televisiones autonómicas, capaces de acumular una deuda superior al presupuesto sanitario conjunto de 13 de las 17 Comunidades de España. Y sin duda proseguirá la sumisión de los principios en el Sáhara a los "intereses nacionales", aunque nunca esté del todo claro en qué medida benefician a alguien más que a los propietarios de Repsol, el Santander o Iberdrola.
Pero mientras, el insecto de Trabajo y la insecta de Asuntos Exteriores -(insectos todos, recuerden los aludidos, para no enojarse, que nosotros somos la cucaracha de Kafka, un Gregorio Samsa colectivo que amanece cada día a ocho patas) redoblan sus energías en una apoteosis final ajena ya al reino animal: van y piden, en resumen, que les bajen la pensión a los beduinos del desierto y de la península y que, faltaría más, se rasquen el bolsillo para pagarles a ellos todas sus teletiendas mientras enseñan la otra mejilla.
Posdata. En este reino, aún se puede empeorar la indignidad de estos dos ministros que merecerían la condición berlanguiana de no estar fichados ya por Ozores. Alicia Sánchez Camacho va un paso más lejos y dispara a los inmigrantes: para eso hacen falta doce patas al menos. Deberíamos recontar las de la garrapata primero, pero por ahí deben ir los tiros. |