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PEDRO P. HINOJOS.
Luis García Berlanga nos conocía bien. Y nosotros aparentamos que le conocíamos aún mejor. La catarata de apologías y semblanzas que se nos ha venido encima a raíz de la muerte del creador de El verdugo revelan un interés por la obra y una pena por la pérdida que en realidad solo sienten la gran minoría de la profesión y del público cinéfilo. Los cines no han movido sus carteleras para dejar hueco a Plácido o Calabuch. Tampoco las televisiones se han enzarzado a parrillazos con Esa pareja feliz, La vaquilla o La escopeta nacional. Y en el lado oscuro de las descargas no se ha advertido una demanda desbordada de material berlanguiano. No. La desaparición de la ‘b' que le quedaba a la santísima trinidad del séptimo arte patrio, que formaba junto a Buñuel y Bardem, es solo una ocasión estupenda para dárselas de enterado, como hace unos meses surgieron millones de lectores de Delibes. Aunque no toda la culpa hay que echársela al desprecio de las multitudes. Un sondeo sobre la vida y obra de Berlanga entre la muchachada que compite en nuestro Festival de Cine daría una sorpresa tan desagradable como la que produjo la conferencia del coloso Rafael Azcona hace cinco años en el ambigú del teatro Cervantes: ni el gafapastas más despistado apareció confundido entre el público, formada por la parroquia habitual de vecinos y vecinas que guardarán como oro en paño el recuerdo del divertidísimo palique con el mejor guionista español de todos los tiempos.
Nada de eso importa, en todo caso. En primer lugar porque siempre habrá alguna cofradía consagrada a cuidar de los tesoros que nos dejan los clásicos. Y en segundo lugar porque seguro que a Berlanga le hubiera divertido tanto cinismo, ese que retrató de manera magistral en sus insuperables planos secuencia con coros de personajes disparatados. Qué ironía: Guadalix de la Sierra ya no es el pueblo de Bienvenido, Mister Marshall, sino el de la casa de Gran Hermano. Eso sí, menudo puntazo que a alguno de los concursantes se le escapara la palabra “austrohúngaro" en pleno prime time.
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