El pasado 4 de noviembre se inauguró en Azul, ciudad cervantina de la Argentina, el IV Festival Cervantino, que durará hasta el próximo 14 de noviembre. Una nueva entrega de un sueño en que la comunidad azuleña se ha volcado organizando más de 100 actividades repartidas en casi 50 espacios. Es un verdadero placer, una insólita aventura pasear estos días por las calles de Azul, por esta ciudad en el corazón de la Pampa húmeda argentina. En casi todas las calles pueden verse las lonas que dan cuenta de las actividades que se están realizando, con ese ‘Soy Quixote’ que se ha convertido en un lema, en un casi grito de guerra cultural, que todo lo preside. No hay mesa de cafetería, de restaurante que no tenga un ‘soy Quixote’ encima de sus manteles.
Actividades de todo tipo: desde un concierto multitudinario de la Orquesta Filarmónica Nacional hasta homenajes a personajes ilustres de la ciudad, como el siempre recordado Dr. Bartolomé J. Ronco; desde desfiles de moda hasta un concierto de la escuela municipal de música; actividades gratuitas y otras que tienen como finalidad la de recaudar fondos para instituciones locales que les permita ampliar o mejorar sus servicios a lo largo del año.
Todas las fórmulas son posibles. Todos los apoyos necesarios. Todos los retos admitidos y buscados. Un festival que moviliza a cientos de voluntarios durante estos días, y que se ha convertido en la cita anual en que se exponen, se vuelven públicos los esfuerzos culturales que se han ido fraguando y desarrollando a lo largo de los últimos meses. Un festival que coloca a la ciudad de Azul en la capital cultural de Argentina durante una semana y que, al tiempo, se convierte en motor para el desarrollo de iniciativas culturales a lo largo del año, de apoyo a instituciones y colegios que constituyen el tejido estructural necesario para que la cultura sea un motor social y económico de una determinada comunidad.
Este es uno de los grandes retos de toda iniciativa cultural; este es uno de los grandes logros del Festival Cervantino de Azul: ser capaces de encontrar un equilibrio entre lo de dentro y lo de fuera, entre lo que se enseña de la comunidad y lo que viene de fuera para enriquecer a la misma; entre la difusión y la creación y apoyo de las redes culturales ya existentes. El Festival de Azul se analizará en los próximos años como un modelo alternativo, diferente y exitoso a los modelos tradicionales, como son los festivales oficiales, amparados en las políticas culturales de determinados organismos (pienso en el Festival teatral de Guanajuato, totalmente desvirtuado de sus primeras implicaciones cervantinas, o en las decenas de festivales que se multiplican en las fechas primaverales o en las otoñales en nuestra geografía hispánica), o en aquellos más concretos temáticamente o geográficamente o genéricos, que se destinan a una determinada colectividad o grupo.
El Festival Cervantino de Azul, con todos los problemas de gestión y de consolidación (comenzó en el año 2007 después de que Azul fuera sancionada como lo que era: la ciudad cervantina de la Argentina), está defendiendo una propuesta de gestión conjunta privada y pública, de tal manera, que lo público está al servicio de potenciar las propuestas y las iniciativas privadas, de las asociaciones, grupos, entidades que, día a día, están gestionando y produciendo cultura. Una visión en que las instituciones públicas se ponen a servicio de los ciudadanos, de las inquietudes y propuestas de los ciudadanos, que son los últimos beneficiarios de los presupuestos públicos (más allá de los protagonismos políticos, de las fotos oficiales y de las inauguraciones, de las portadas en la prensa pactadas o de los discursos escritos por las mismas personas a las que luego en los actos se les roba todo el protagonismo, siendo ellos los gestores y creadores de los contenidos).
Una propuesta que en su sencillez, en su honradez encuentra las bases de su éxito, de su originalidad. Una propuesta, además, que intenta conjugar el apoyo a las iniciativas de la comunidad con la apertura a nuevas visiones y miradas, que hagan posible enriquecer a los espectadores azuleños y los que se acercan a Azul en estos días.
Buena muestra de todo lo indicado son los tres proyectos que me han llevado en estos días a tierras azuleñas: una exposición del pintor francés Édouard Zier, con las acuarelas y aguadas inéditas que realizó hacia 1870 para una edición del ‘Quijote’ que nunca se llegó a imprimir, completadas con ejemplares de ediciones francesas de la obra cervantina conservadas en la Biblioteca Popular Dr. Bartolomé J. Ronco de Azul (todo ello, con el apoyo español de la AECID y de la Embajada de España en Buenos Aires); la presentación del vídeo ‘Así se hizo el Quijotito’ que da cuenta de cómo se ha trabajado en Azul en la ilustración de la segunda parte de ‘Las aventuras de don Quijote y Sancho Panza’, cuya adaptación he realizado junto a Diana Calderón y Marta Calzón; y la presentación del ‘Quijote’ilustrado por Rep, editado por mí y publicado por Castalia, que tuvimos la ocasión de presentar en Alcalá hace tan solo un mes.
Tres actividades que conjugan la mirada de fuera con la de dentro; tres actividades que han permitido un mejor conocimiento de la riqueza patrimonial y artística de la ciudad, al tiempo que se ha estado realizando, a lo largo de los últimos meses, un gran trabajo en las escuelas, con los niños divirtiéndose y aprendiendo al tiempo que ilustraban el ‘Quijotito’.
El Festival Cervantino de Azul, con todas sus complejidades y contradicciones, está luchando por dar viabilidad a un nuevo modelo cultural, en que los concejales y funcionarios públicos no se conviertan en motor –o en impedimento– a la cultura, sino en un pieza más de un engranaje mucho más rico, variado y efectivo, en que lo público y lo privado consigan una difícil –pero necesaria– complementariedad. |