La casualidad me ha llevado a aterrizar en el aeropuerto de Ezeiza en Buenos Aires justo el pasado viernes día 29 de octubre, el día en que se daba sepultura al expresidente Néstor Kirchner, que había muerto de un infarto un día antes. La casualidad me ha permitido poder estar en Buenos Aires justo el día después del sepelio, del cortejo por las calles del centro, desde la capilla ardiente, situada por primera vez en la Casa Rosada y no en el Congreso Nacional, desde donde, hasta ayer, se habían rendido los últimos honores a los expresidentes muertos. Estas líneas son sólo una pequeña crónica de lo visto en las calles, de lo leído en las paredes y en los periódicos durante el sábado 30 de octubre.
Llego a la Plaza de Mayo en metro, ese metro que ayer permaneció cerrado. No he querido llevarme en la mochila ninguna imagen previa. Tan solo la imagen, casi fotográfica, del velatorio, con la presidenta Cristina Kirchner escondiendo su dolor y sus pensamientos detrás de unas grandes gafas de sol, junto a sus hijos Máximo y Florencia, y el cortejo de gestos, de miradas, de aproximaciones o distancias que se han ido diseccionando en los corrillos y mentideros políticos de todo el mundo. Del abrazo efusivo de Hugo Chávez o de Lula, a la fría cordialidad con la recién estrenada ministra de Asuntos Exteriores, ‘Trini’ Jiménez como la han denominado los grupos periodísticos afines a los Kirchner.
Esta imagen, casi teatral, de una teatralidad improvisada que repetía gestos que uno imaginaba ensayados delante del espejo durante horas y horas, era la única que había querido rescatar de aquella larga jornada de velatorio. En el metro camino de la Plaza de Mayo abrí uno de los periódicos que había comprado para así adentrarme en algunas de las incertidumbres que se le presentan a este país cuando el lunes la presidenta vuelva a retomar el gobierno, y lo haga, por primera vez, sin la tutela de su marido que, para muchos, seguía siendo el verdadero presidente de Argentina.
Y preferí comenzar con el que sospechaba que era el más oficialista, el periódico más cercano a las tesis de los Kirchner, Página/12. En la portada, un gran titular, un escueto titular que hacía público y universal el dolor de Cristina Kirchner: “El largo adiós", y debajo una foto en que el coche fúnebre que lleva los restos de Néstor al cementerio casi desaparece entre la marea humana que lo quiere abrazar, tocar por última vez, entre las cientos de banderas argentinas desplegadas y los miles de mensajes y de flores que anónimos argentinos habían depositado en su capó.
En el interior, diversos artículos con un denominador común: la exaltación del fervor popular por la despedida a su expresidente, un fervor nacido del corazón, al margen de cualquier estrategia política. Pero una columna que da cuenta de algunos de los momentos vividos en el Salón de los Patriotas, donde se había instalado la capilla ardiente, me hace pensar lo contrario. En esta columna se cuentan cuatro anécdotas: las gestiones del Embajador de la Argentina en Madrid, Carlos Bettini, para que la presidenta recibiera el pésame de Trinidad Jiménez, que ya he comentado, y otras tres que deberían dar cuenta de la ‘voz’ del pueblo. Por un lado, el momento emotivo en que los mozos de la Unidad Presidencial lo despidieron con una ovación cerrada (“El jefe del Gabinete, Aníbal Fernández, que hasta aquí había contenido a duras penas la emoción, se quebró y se puso a llorar").
El siguiente gesto lo protagonizará un payador anónimo, uno de los cantos folclóricos más populares, que se despedirá del expresidente cantando la marcha peronista y terminándola con un “Kirchner está presente" (“La presidenta Cristina Kirchner se conmovió y lloró ante este gesto de cariño"). Y el último de los gestos anónimos relatados en Página/12 tendrá en el campo su protagonista, ese campo que durante meses y meses protagonizó protestas por las medidas económicas del gobierno, que le echó un pulso a la presidenta, del que te todavía no se ha levantado… no me resisto a copiar el párrafo completo para que el lector compruebe el ánimo, el tono, la finalidad de este tipo de noticias: “En forma sorpresiva, una persona que dijo ser dirigente rural se paró ante el vallado y comenzó a gritar en medio de la capilla ardiente. No fue para cuestionar, sino para agradecer a la presidenta Cristina Kirchner y a su marido.
El hombre dijo que Kirchner fue “el presidente que más rentabilidad le dio al campo". También señaló que desde 2003, “nunca más se remató una hectárea en el país". La presidenta se quebró y, conmovida, se inclinó sobre el cajón de su esposo y se acercó luego a abrazar al hombre".
Al salir del metro en Plaza de Mayo lo primero que se encuentra uno son las vallas de protección que habían acordonado la plaza durante el velatorio, todas ellas llenas de mensajes, de flores, de palabras de ánimo a la presidenta y de expresión de dolor por la muerte del expresidente. Palabras anónimas y palabras y carteles que muestran, casi de una manera vergonzosa el escudo de una agrupación, las siglas de una institución, los colores de una empresa… Palabras que quieren gritar los logros del pasado y glorificar la figura del expresidente, y así en grandes titulares, puede leerse aún en las vallas de la Plaza de Mayo “Con tus actos venciste la muerte. ¡Gracias Néstor!", “Gracias Néstor, estoy orgulloso de ser argentino"; pero lo que más abundan son los mensajes de apoyo a la presidenta, la necesidad de darle una fortaleza que parecía proceder de la de su marido, que incluso, después de muerto seguirá apoyándola: “El espíritu de Néstor nos dará más fuerzas", “Presidenta Fuerza, hay que seguir adelante, como nos enseñó Néstor", “Más que nunca con Cristina", “Fuerza Cristina, estamos con vos, hoy y siempre", “Hoy más que nunca junto a Kristina y la patria"… Una curiosidad: algunas de estas muestras espontáneas del cariño popular están impresas y colgadas en varios lugares a lo largo de toda la valla. Recorro la Avenida de Mayo, la que enlaza el poder ejecutivo de la Casa Rosada con el legislativo del Congreso Nacional.
Y allí las pintadas se multiplican, las pintadas negras y rojas firmadas por grupos que desconozco, que luego en los periódicos descubro que forman parte de varias facciones dentro del peronismo. Pintadas en que el grito unánime de “Todos con Cristina" se hace casi obsesivo, e incluso apoyando la candidatura de Cristina para el 2011: “Néstor Kirchner Presente! Cristina Presidente 2011 cueste lo que cueste. Corriente política 17 de agosto". Mensajes de la corriente peronista “Yo soy argentino. Yo soy soldado del pingüino", o de CNP 25: “Néstor con Perón. El pueblo con Kristina" o de JP Nesca: “Fuerza Cristina, Néstor vive en nosotros"… junto a otros más enigmáticos para mí, pero cuyo destinatario ha debido tomar bien cuenta de ellos: “Ni lo intenten"…
Consigo entrar en el Tortoni. Necesito un poco de tranquilidad, alejarme de lo leído, de lo fotografiado, de esta calle que ha quedado marcada por el dolor hace unas horas y por las pintadas en los edificios que pervivirán durante semanas y meses. Consigo, con algo de esfuerzo, mesa en el Tortoni y mientras me tomo una cerveza, y después de repasar las fotos que he tomado, abro el otro periódico que he comprado, Clarín, que vive una guerra abierta con el gobierno de los Kirchner… y ya desde el titular de portada se marcan las diferencias: frente al “El largo adiós” de Página/12, Clarín decide comenzar con “Cristina, frente a su desafío más difícil"… y frente a esa foto en que el coche fúnebre había casi desaparecido bajo el clamor popular, el duelo de toda una nación, la foto de Cristina de negro, bajo un paraguas negro, detrás del féretro de su marido, que llevan los granaderos para subirlo al avión que minutos después lo conducirá a Río Gallegos.
Argentina se enfrenta a un futuro incierto en las próximas semanas. Los movimientos políticos son imprevisibles. No se ha descubierto ningún aparato que pueda predecir lo que un político hará en momentos de crisis. Ni aquí en Argentina ni fuera de Argentina. Los apoyos que Cristina está recibiendo en estas últimas horas, de manera tan clara y pública, lo único que indica es que cuenta, sobre todo dentro de su propio partido, con mil enemigos, que tan solo temían y se callaban ante la alargada sombra de su marido. El resto, es una incógnita.
Lo único cierto es que he encontrado la ciudad de Buenos Aires empapelada en diferentes lugares por unos carteles, firmados por equipos de difusión, en que, frente a una imagen exultante del expresidente Kirchner después de un mitin, y una arrebolada presidenta, satisfecha de él, abrazada a su cintura, puede leerse: “Por siempre Néstor. Fuerza Cristina". Esta es la realidad, el presente… no sabría ni podría aventurar nada del futuro, ni del más inmediato, en esta sorprendente Argentina. |