ÓSCAR SÁEZ
Doña Letizia llegó, giró la mano a un lado, giró la mano hacia el otro, se acercó a la plebe, saludó, firmó fotos, dio besos de sangre azul, se dio la vuelta, sonrió, contestó a los niños, volvió a sonreír, volvió a girar la mano hacia un lado y hacia otro, se montó en el coche y se fue tras entregar el Cervantes Chico y animar a los más pequeños a la lectura, a leer esos libros donde todo es posible y los príncipes despiertan con un beso a las princesas, son felices y comen perdices. En este caso, acelgas y boquerones, según desveló Doña Letizia a nuestros ‘cervantitos'.

Pero sonaron las campanadas de las 13:20, los pétalos de rosa por las que ‘flotó' la princesa desaparecieron y Alcalá volvió a convertirse en calabaza, dejando sólo el recuerdo de las fotos y el revuelo de cada visita. Nada más. ¿Para qué valen estas recepciones?, ¿no se pueden aprovechar para algo más que coleccionar instantáneas y promocionar la lectura y las acelgas? De nuevo, la llegada de la Casa Real sólo ha dejado a eso, un gran revuelo y una imagen. ¿No sirve para nada más el papel de la Monarquía? Ni siquiera Alcalá puede usar la visita como una operación de marketing para aspirar a nuevas inversiones, potenciar la plataforma del castellano, relanzar el Patronato Real o acelerar la construcción de un auditorio más grande en los Cuarteles, aunque sólo sea para recibirla cómodamente la próxima ocasión.
Además, como siempre la Casa Real no atiende a preguntas de la prensa, salvo cuando bajan a los vestuarios de un gran evento deportivo y hacerse una foto junto a Nadal o Iker Casillas. Eso sí, a falta de conocer qué piensan –si es que piensan algo–, sobre el aborto, el Estatut de Cataluña, sobre la crisis, sobre Zapatero o Rajoy o sobre el fenómeno Belén Esteban que invade la televisión de la que ella formó parte como presentadora del Telediario, sabemos gracias a la curiosidad de los escolares sus gustos gastronómicos. Ya puedo dormir más tranquilo, aunque me temo que mi madre me encasquete las acelgas para cenar. Al menos gracias a la princesa, mi cuerpo me lo agradecerá.
Y ahora el chiste ya habitual: - ¿Por qué se ríen los ángeles? - Por la gracia de Dios.
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