La CEOE, ese oscuro objeto de deseo que por dentro funciona muy bien -ahí tienen los 587 millones de euros gestionados, según Público, para que luego digan de sus primos hermanos, los sindicatos-, y por fuera está hecha unos zorros, lastrada por la malísima imagen de Díaz Ferrán.
Pero que nadie se piense que el actual presidente ha tirado la toalla. Quienes más le conocen aseguran que no está ni medio descartado que intente repetir, presentándose a unas elecciones convocadas a la fuerza y destinadas, presuntamente, a enseñarle la puerta de salida: liberado de su cargas en Marsans, Aerolíneas Argentinas y su aseguradora, con la complicidad política de quienes luego le estigmatizan en uno de esos espectáculos de cinismo a los que nos tiene acostumbrados la ¿alta política?, el bueno de Ferrán estudia presentar su candidatura a la reelección apoyándose en la parroquia de fieles que le queda.
Que no es menor, precisamente. ¿Pero tanto para volver a ganar? Eso no parece demasiado claro. Pero pongámonos a fabular sobre dónde están las claves del proceso. Una está en Madrid, otra en Cataluña, una más en Andalucía y otra en las pymes. Empezando por éstas, suenan tambores de guerra entre la vieja guardia de los pequeños empresarios y la nueva, entre los seguidores del depuesto presidente de Cepyme, Jesús Bárcenas, y las huestes de su sucesor, Jesús Terciado: el primero hasta suena como sucesor de Díaz Ferrán, aunque tiene limitadas opciones; mientras que el segundo es el hombre de Díaz Ferrán para lo que haga falta.

Si lo de las pymes huele a cuadrilátero, lo de Madrid y Cataluña es más de guante blanco. Arturo Fernández, al frente de la Cámara y de CEIM, es un valor seguro y sólido que puede movilizar y mucho o laminar y bastante a quien elija como socio y como adversario: se le da por fiel de su algo más que amigo Ferrán, pero también tiene carrera propia, suena para CEOE desde la noche de los tiempos y llegado el caso elegirá pensando en los intereses de su sector y no sólo en los suyos afectivos.
Y en Cataluña, el nombre es Joan Rosell, con buena prensa, una imagen bien distinta a la de Ferrán y unas ganas locas, pero discretas, de ponerse al frente de la patronal de patronales. Sus apoyos conocidos son claros, pero además tiene otros, por acción u omisión, que pueden facilitarle las cosas: está bien visto en el PSOE y en el PP. Tienes buenos amigos en ambos y línea directa con personalidades como Esperanza Aguirre o Carmen Chacón, por poner dos ejemplos ilustres. O con Joan Gaspart, a quien tiene casi como asesor de este duro proceso que se le viene encima.

Fernández y Rosell, dos nombres clave de lo que va a pasar en CEOE
No va de tapado, y eso puede perjudicarle, pero su disposición y alianzas le convierten en caballo batallador, que siempre en la antesala de la victoria. O no. Porque si algo demuestra la historia reciente de la Patronal, es que los reinados son aún más inciertos que el del célebre Witiza. Y más peligrosos que el de Fabila, aquel que vendió la piel del oso antes de cazarlo... y ser devorado por él.
Andalucía por último, es antiferrán sin ambages: su sheriff, Santiago Herrero, no se corta un pelo y está dispuesto a presentarse, aunque no gane, sólo para laminar al todavía presidente si no se quita del camino y deja paso a otro. Tan agresivos en el ataque o en la defensa son las distintas organizaciones en Castilla-León, divididas casi en dos en la cobertura o el rechazo al aún líder de la CEOE.
Veremos pues, que el combate acaba de empezar, y veremos cómo acaba, qué heridos deja y cuántas bajas en cada bando. Y cambiando de tema, aunque sólo para cerrar este informe semanal con algo de marujeo periodístico, atención a la polémica en ciernes entre dos pesos pesados, Carlos Carnicero y Antonio Burgos: el segundo escribió en Abc un artículo de los suyos, elevado de tono, sorna y mala leche; y el segundo ha respondido con unas líneas que vuelan por internet del siguiente tenor:
“He leído con horror la diatriba de Antonio Burgos contra Leire Pajín (…). Los aires viejos de sala de banderas de este machista recalcitrante son vomitivos. (…) Su misoginia está trufada de una grosería de casino provinciano que ya no se encuentra ni en los casinos de provincias. No digo que él tiene cara de cura pederasta, porque no creo que los curas pederastas sean peores que él, (…) subproducto que ha sido capaz de reconstruirse a sí mismo desde las cercanías del socialismo hasta las cavernas del hombre de Cromagnon”.

Al bueno de Carlos no le faltan forofos, pero tampoco enemigos viscerales, que le recuerdan pecados juveniles, si lo son, como éste de la curiosa fotografía carlista
¿Y qué había escrito el columnista sevillano para provocar la ira de Carnicero? Pues algo a la altura de la no menos violenta respuesta, aunque aquí el orden sí es importante. Este escribidor de las catacumbas no se asusta por nada, pero tiene tela lo que dijo Burgos de la Pajín a cuento de su supuesta cara de "actriz porno". Ya le vale, pero juzguen ustedes mismos leyendo el artículo íntegro, del que extraemos algún párrafo para los más perezosos:
"Parla es ya como Cádiz, cuyos vecinos se sienten orgullosos de su lema: «En Cádiz hay que mamar». La lactante succión de Cádiz hay que subirla hasta Parla: «En Parla hay que mamar». ZP ha tenido que mamar tela en Parla. Pero, vamos, más que Rómulo y Remo de la loba capitolina. Ni te cuento Rubalcaba. Y nada digo de Leire Pajín, porque con esa cara de película porno... Ni de Trini Puede. Lo de «Trini Puede» es ahora de pegarse chocazos por las esquinas de risa. ¿Qué es lo que puede Trini, joé? Pues a partir de ahora Trini Puede... seguir tirando el dinero en el timo de la estampita de las vacunas de la gripe A".

Y al bueno de Burgos le ocurre lo mismo que al querido Carnicero, pero al revés: sus forofos le ríen las gracias, por heavy metal que sean, pero sus detractores le tildan de converso: de la izquierda andaluza al sevillanismo chuleta
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