20 años de soledad
por Uno de la Redacción

VIERNES 8 DE OCTUBRE DE 2010 A LAS 18:22 HORAS
Opinión > Política
 
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ALONSO GUERRERO
Da la impresión de que sobre este país pasa el ojo de un huracán. Desde las lunas tintadas de las grandes corporaciones, desde las lucernas del Banco de España y los ventanucos de hombres de Alcatraz que gasta esta democracia, la gente mira hacia arriba y observa una calma voraz y petrificada que presagia, para escándalo de Pablo Iglesias, otro plúmbeo discurso de nuestro Presidente. Levantamos los ojos como microbios y, desde lo alto del microscopio, el gran ojo de Strauss Kahn nos devuelve una mirada de tasador de diamantes, mientras graba las nuevas tablas de la ley que pone en manos de Zapatero.

Como en la Biblia, todo nos viene dado. Hasta para los comisarios del Premio Turner que han engranado la naranja mecánica de nuestro socialismo, el socialismo debería ser otra cosa. Nunca se había visto a tanta gente con posibilidades, quizá con ideas propias, comulgar de esta forma con ruedas de molino. Nunca, en nombre de la igualdad, se habían organizado la educación y el marco laboral con el propósito de crear situaciones de apartheid. Nunca se había mantenido una política que no sirve para nada, y menos para hacer feliz a la gente, aunque la felicidad consistiera en olvidarse de la política.

Se ha pisoteado de tal forma el sentido común que La Moncloa va a quedar como el Reichstag cuando pasen sobre ella las próximas elecciones. Los llamados socialistas lo saben, es lo único que saben. No se trata ya de economía, ni de política, ni de principios. Nada de eso importa. En Madrid se sacrifican porque sí personas con dignidad, como Trinidad Jiménez, pero ni siquiera Tomás Gómez, socialista de base, que promueve la creación universal y gratuita de plazas de guardería, es incapaz de asumir, ante la insistencia de un periodista, que abogará por repartir equitativamente a los alumnos sin alfabetizar entre los institutos públicos y los concertados. Quizá a este socialismo le hagan falta 20 años de soledad, 20 años en la oposición. Puede que en ese tiempo aprenda qué es aceptable y qué no lo es. Mientras tanto, da igual qué partido gobierne, cualquier otro.


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