De todas las memorables novelas de Vargas Llosa, tal vez la que mejor representa la maravillosa simbiosis del escritor genial con el intelectual valiente; del talento inmortal con el periodista comprometido; del hombre de letras con el caballero de armas, sea La ciudad y los perros. La escribió en 1962, cuando aún distaba de ser la lumbrera plenipotenciaria que se puede permitir casi de todo sin importarle demasiado las consecuencias.
El internado militar, los cachorros prosélitos, el darwinismo violento, la disciplina ciega, la persecución del individualismo y la sustitución de un concepto de cultura social basado en la aceptación de la comunidad por otro de secta o gremio sustentado en los caprichos de un código absurdo son, para el gran Mario, el hilo conductor de su obra, de su militancia y también de sus felices desaciertos.
Éste es un fragmento de esa obra iniciática: "Los baños estaban al fondo de las cuadras, separados de ellas por una delgada puerta de madera, y no tenían ventanas. En años anteriores, el invierno sólo llegaba al dormitorio de los cadetes, colándose por los vidrios rotos y las rendijas; pero este año era agresivo y casi ningún rincón del colegio se libraba del viento, que, en las noches, conseguía penetrar hasta en los baños, disipar la hediondez acumulada durante el día y destruir su atmósfera tibia. Pero Cava había nacido y vivido en la sierra, estaba acostumbrado al invierno: era el miedo lo que erizaba su piel".
Así hablan en Venzuela de Vargas Llosa o de Krauze: la obviedad del desatino tal vez sirva para explicar que, con mayor sutileza pero idéntica estupidez, cada día vemos y escuchamos cosas así
Alguien capaz de escribir así no necesita salmos ni premios, ni de quienes lo hacen desde la profunda erudición y respeto ni de quienes -hay tantos- lo hacen para homenajearse a sí mismos: es más fácil encontrar, en una loa a Vargas Llosa o en un obituario de Saramago, una tostada con abundante mermelada para el firmante que un retrato honesto de la persona y un radiografía informada de la obra, reducidos ambos a menudo a las vivencias menores pero sobredimensionadas del crítico o periodista de turno. El juancrucismo, en fin, no deja de ser un género, aun menor.
Sí los necesita, sin embargo, el periodista y el intelectual, una rara avis que remueve conciencias, crea incomodidad a derecha e izquierda, habita en la matiz, antepone las ideas a las creencias y sorprende por alterar sin caerse del burro el imposible dogmatismo sectario que estabula interesadamente a la gente en dos mundos 'perfectos', simétricos, antagónicos y de una pieza. Esto dice Vargas Llosa de sí mismo, en un espléndido discurso pronunciado en 2005 en Washington al recibir el siempre controvertido premio Irving Kristol:
"Como el liberalismo no es una ideología, es decir, una religión laica y dogmática, sino una doctrina abierta que evoluciona y se pliega a la realidad en vez de tratar de forzar a la realidad a plegarse a ella, hay, entre los liberales, tendencias diversas y discrepancias profundas. Respecto a la religión, por ejemplo, o a los matrimonios gay, o al aborto, y así, los liberales que, como yo, somos agnósticos, partidarios de separar a la iglesia del Estado, y defendemos la descriminalización del aborto y el matrimonio homosexual, somos a veces criticados con dureza por otros liberales, que piensan en estos asuntos lo contrario que nosotros. Estas discrepancias son sanas y provechosas, porque no violentan los presupuestos básicos del liberalismo, que son la democracia política, la economía de mercado y la defensa del individuo frente al Estado".
Goodall y Vargas Llosa, creo, comparten pasión por los primates
La ausencia de referentes incuestionables, al menos por su capacidad, formación y ese tipo de disidencia que la primatóloga Jane Goodall considera imprescindible en una democracia sana; está quizá en la génesis de la crisis estructural del planeta, que sobrevive convirtiendo en sherpas de la humanidad a estupendos cantantes -Joaquín Sabina-, populares adefesios -Belén Esteban- o vehementes orates -Le Pen, Chavez- ante la indolencia temerosa de la acomodaticia clase intelectual y la complicidad interesada de la política.
Es en ese contexto donde Vargas Llosa alcanza un valor único y se convierte en caza mayor de tantos y tantos artistas de la impostura que, como el impagable protagonista de El secreto de Joe Gould, resumen sus engolados principios retóricos en una sandez brutal: "En invierno soy budista / Y en verano, nudista".
Don Mario, un killer con aspecto de dandy, en la ciudad con los monos.
¡Excelente editorial! Lo comparto plenamente. Vargas Llosa es un premio en tiempo presente. Su trascendencia en los tiempos la redujo él mismo con sus ansias de trascender. Es el abaratamiento de los Nobel.
Francia: el ganado humano comienza a salirse del corral – DESPERTARES 43
¿Puede ser el 2% de la población un “peligro” para el Sistema?
¿Y si ese 2% son jóvenes de 25 a 34 años super preparados académicamente, que recuperan pueblos semiabandonados, salvan y aumentan las escuelas, crean empresas pensando más en el interés social y menos en los ...
http://teatrevesadespertar.wordpress.com/2010/09/22/francia-el-ganado-humano-comienza-a-salir-del-corral/