
ANTONIO CAMPUZANO
Definitivamente, no hay preparación suficiente en nuestro habitáculo de Alcalá para el entendimiento, el paladeo, la digestión, de cantatas, de sonatas, de corales, de polifonía y otras cosas del cantar. Por una vez y con el deseo de que sirva de precedente, el teniente de alcalde Gustavo Severien se aproxima a la certidumbre de la razón. Las comparaciones tienen una carga diabólica, pero un espacio exterior es un espacio exterior.
La Huerta del Obispo es, por tanto, un espacio exterior. También lo fue cuando llegó con su armónica un señor llamado Bob Dylan para averiguar cuál de sus versiones era identificada. Los espacios exteriores, máxime cuando la temporada es verano, son transidos por las incidencias propias de su ubicación.
Por ejemplo, Ainhoa Arteta, en su natal Tolosa, apenas habrá oído el canto monocorde de la chicharra. El sábado pasado pudo apreciar que un aparato situado en los costados del primer segmento abdominal de este insecto produce una caja de resonancia que emite un sonido muy peculiar. Pero a las once de la noche, cuando los termómetros bajan de los 28 grados centígrados, ese sonido aguarda hasta la jornada siguiente, al tiempo que deja paso a los gorgoritos de las sopranos rubias y esbeltas.
Las bocinas del SAMUR tienen otro ciclo de vida, mucho más aleatorio, como corresponde a los turnos de urgencia y esas cosas. Otra cuestión relacionada con el lapso estacional de este año, tan caprichoso en fríos y lluvias, nos lleva al asunto de los mosquitos. Los había en la Huerta en calidad y cantidad. La chelo bellísima que resplandecía en la noche alcalaína, minutos antes del inicio del concierto, blandió su arco del que se extrajeron notas de belleza contra el mosquito amenazador.
A lo mollar: en las circunstancias que fuese, con o sin generador, el Orfeón Donostiarra, la Orquesta Clásica de España, Ainhoa Arteta, todos ellos juntos, siempre significarán un atractivo inconmensurable, extraordinario, para la ciudad y sus habituales. El olor a rastrojo, a paja estival, la proliferación del “aután" siempre contra el insecto y su fumigación, son avatares sobrevenidos con mínimos ápices de consideración. Otro concierto, otro concierto. |