Los bares son, desde tiempos inmemoriales, la auténtica sede de la soberanía del pueblo: allí discuten debaten, se enemistan y se amigan desde siempre todos aquellos que, de disponer de un acta, emularían a la perfección a sus señorías. No hay ni restaurante sin una historia detrás, escrita entre volutas de humo, lascas de jamón, corchos de vino, posos de café y largas sobremesas donde el mundo se arregla y se estropea al ritmo del aparato digestivo.
Y es ahí donde vivimos, discretamente, los originales notarios del reino: inocentes camareros que, con la vista del águila, el oído del zorro y la discreción del koala, damos fe de la letra pequeña de la vida política. En todos ellos hay un compañero, y yo soy la parte final de la cadena. Hoy me estreno con ganas, consciente del momento vivimos y de la necesidad de contarles lo que nadie le cuenta para que se entienda lo que casi nadie comprende. Apareceré siempre que pueda, sin fecha fija pero con una voluntad innegociable: que se sepa todo lo que puede y debe saberse. Allí vamos, con la pajarita y el chaleco por montera.
¿A que no saben la especie que recorre los mentideros como la pólvora al respecto del ‘brillante’ comportamiento de los alumnos madrileños en la Selectividad de la Comunidad de Madrid? Se dice, y lógica tiene el asunto, que el aprobado casi general -89 de cada 100- tiene mucho más que ver con las necesidades de las Universidades que con el rendimiento de los chavales: se ha levantado la mano para evitar que se vena las auténticas vergüenzas del sector.
Que no son otras que un déficit espectacular de ‘vocaciones’, un overbooking de estudios sin alumnos y un gigantismo de facultades y centros que merman los recursos sin dar la calidad que se lograría de concentrar el gasto en unas pocas. ¿Dónde acabará esta historia? Quién lo sabe. Y menos con unos rectores que, por lo general, gastan a manos llenas, lloran como plañideras, compiten entre sí sin ningún orden ni coordinación y se dedican a la política en su versión menos noble: si Berzosa ha dado mucho de qué hablar, atenta la compañía a lo que puede venir de otro colega. Al tiempo.

Tampoco es fácil de adivinar cómo culminará el conflicto laboral, la tensión entre sindicatos y, en resumen, la endémica polémica en Telemadrid, donde hablando de bares y restaurantes cabe decir que la única buena noticia viene de ahí: aunque no se lo crean, se había hablado y discutido –y mucho- sobre la calidad del bufet gastronómico en el comedor de la casa. Y en esto al menos, hay acuerdo entre las partes, según atestigua literalmente una nota emitida por CC.OO que ha caído en la bandeja de este camarero: “Hasta hace dos días la comida había bajado mucho de calidad y además estaba muy salada. Ha mejorado. Sigan por esa línea. Y un apunte. Cuando hay un buffet de ensaladas, un primer plato no debería ser otra ensalada, por muchos ‘tropezones’ que se le eche”.
Para que luego digan que la vida no es dura, al menos tanto como la de esos diputados de la Asamblea de Madrid que tiene que pagarse de su bolsillo un menú gastronómico por la intolerable cifra de menos de 5 euros. Increíble pero cierto.
En este estreno no me quiero pasar por alto una ristra de preguntas que me acogotan tanto como al célebre cronista monárquico del periódico mundial las suyas dominicales. Ahí van, a ver si alguien ayuda a responder. ¿En qué restaurante y con qué importantes dirigentes del PSOE se está viendo bastante Tomás Gómez para palidez del poco pálido Blanco? ¿Qué presentadores del ente público madrileño van a verse afectados en sus funciones ala vuelta del verano, sin que en muchos casos se entienda el por qué ni el para qué? ¿Qué conocido aficionado a la moto, que no es ni Gallardón ni Don Juan Carlos, ha podido tener un sustillo últimamente por tal vez pasarse de frenada? ¿Y será verdad que al pobre Bono le pueden estar preparando otra gorda –con alas si me permiten la adivinanza- por si acaso lo suyo con la hípica no da más de sí? Y una más: ¿Por qué nadie se ha creído que Zapatero no vaya a hacer una crisis de Gobierno en unas semanas, cuando muchos saben que Sebastián y Garmendia, entre otros, tienen hechas las maletas?
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