La clase política española es especialista en apuntarse a las modas, sin parase a analizar si son beneficiosas o perjudiciales para el común de los ciudadanos del país. Estos días asistimos a una oleada de anuncios sobre rectificaciones de presupuestos publicitados como irrepetibles, anulación de proyectos anunciados a bombo y platillo hace sólo unos meses, o desaparición de organismos duplicados que eran creados, con las mismas duplicidades, y con enorme fanfarria administrativa. Los que ahora se convierten en espadachines contra el gasto público cortando de raiz cualquier atisbo que asome, sea razonable o no, son los mismos dirigentes que han cubierto sus carreras despilfarrando parte del dinero de los ciudadanos en propaganda y a la mayor gloria de sus activos políticos. Hace tres años se anunciaban como gran logro proyectos claramente prescindibles, se llenaban páginas y minutos en los medios de comunicación, y hoy se anulan todos los contratos y disposiciones relacionados con aquellos avances de antaño. Si el espectador o el lector se asoma a las noticias que emanan de los distintos gobiernos, innmuerables gobiernos que hay en España, se dará cuenta de esta tendencia a presumir con la erradicación de errores no tan lejanos. Ocurre en obras públicas, en inversiones y en ayudas. La reducción del déficit en España se ha convertido en una carrera para ver quien la hace más gorda y quien es más supuestamente austero, a poco menos de un año de que los electores tengan que renovar su derecho al voto local y autonómico.
Y las subidas de impuestos. El caso paradigmático que estos días encajan los contribuyentes madrileños es digno de análisis: primero se les obliga a pagar una tasa de basuras, implantada después de ser eliminada años antes a cambio de un incremento en la contribución. Luego se les anuncia que, pese a pagar la nueva tasa que no figuraba en programa electoral alguno, van a dejar de disfrutar del servicio de recogida de basuras los días festivos, sin rebaja alguna en sus recibos. Y como remate, los tranajadores protestan convocando una huelga la semana que viene que será indefinida y, mucho nos tememos, dejará la capital llena de bolsas de desperdicios en los días más calurosos del año. Un modelo de gestión, este del contrato de basuras.
Por el fondo Siete cochazos de lujo aparcados en la zona peatonal de la Puerta del Sol, con sus chóferes haciendo tiempo esperando que salga el señorito. Con esa imagen se encontratron el lunes miles de madrileños que atravesaron el kilómetro cero, hasta que los siete alcaldes salieron de la Presidencia, montaron en sus cabalgaduras, y se volvieron a sus ranchos del sur a seguir mandando. El asunto era de interés para su partido, pero el desplazamiento lo pagaron sus vecinos de izquierdas y de derechas, a través de los impuestos y tasas que pagan como el que recibe una estocada. Es una imagen por lo demás habitual en actos privados en los que participan cargos públicos de cualquier partido que deberían, fuera del horario de su actividad política, coger el transporte público.
Por la forma Se ha creado un nuevo observatorio contra la piratería por los creadores de contenidos audiovisuales. Suponemos que con el observatorio se observarán a ellos mismos con el ojo que les queda sin parche. Porque la piratería auténtica es lanzar al mercado cualquier producto audiovisual sometido a unas recargas que multiplican quinientas veces el valor real. Y por supuesto, la piratería es engañar a los usuarios de música, cine y videojuegos calificando de ilegales las descargas de archivos a través de redes de intercambio p2p. Por mil veces que se repita una mentira, nunca llegará a ser verdad aunque muchos desinformados acaben creyéndosela. El intercambio de archivos de contenido audiovisual protegidos por derechos de autor en Internet es legal en nuestro país siempre que se haga sin ánimo de lucro. Y la copia privada es legal en nuestro país por muchos observatorios que se creen para confundir a la opinión pública.
Se hablará de... Otra huelga para el contribuyente de Madrid. Tras el fracaso en la politizada convocatoria de paro en el sector público y con ese horizonte delirante del 29 de septiembre para un paro general que no se creen ni los convocantes, los madrileños que aún van a trabajar a diario tendrán dificultades para coger el Metro a últimos de junio por otro conflicto sectorial más. La reducción de los salarios vuelve a hacer saltar la espita de la protesta en un verano que está siendo caliente en lo laboral. Veremos si tiene seguimiento, porque puede ser un termómetro para medir lo que ocurrirá tras el verano en los transportes. Porque si la huelga general del otoño tiene éxito, será a pesar de CCOO y UGT. |