Era el litio
por Uno de la Redacción

MIÉRCOLES 16 DE JUNIO DE 2010 A LAS 10:00 HORAS
Opinión > Política
 
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PEDRO P. HINOJOS

 

Cuando la guerra en Afganistán va camino de los diez años, acaba de conocerse una novedad que podría cambiar el rumbo de la contienda, o por lo menos aclararlo. Resulta que se ha descubierto en el montañoso e indómito país asiático uno de los yacimientos minerales más grandes del planeta. Bajo los pies de los temibles talibanes se entreveran capas de hierro, oro, niobio, cobalto y litio, materiales todos, y especialmente el último, de gran importancia estratégica para las nuevas y futuras industrias del automóvil, la telefonía o la informática.

 

Según los primeros cálculos, el valor de este colosal filón se acercaría al trillón de dólares, que al cambio supera los 800.000 millones de euros. Unas cifras tan imposibles de imaginar, como que un tesoro de esta envergadura se quede en las manos pobres y soberanas de los afganos.

 

En primer lugar, porque un país de estructura y mentalidad medievales no sería capaz de gestionar tamaña riqueza natural. En segundo lugar, porque tampoco se les dejaría, teniendo en cuenta que el control de este patrimonio fabuloso sería el pasaporte para transformarse en una de las potencias económicas de Asia y del mundo. Y en tercer lugar, aunque también podría estar al principio, porque por algo Estados Unidos y sus aliados invadieron este territorio, además de para llevarle democracia y libertad. Y ese algo, salvo sorpresa, es el litio. O más bien lo era.

 

A estas alturas de la película, ya sabemos que Bush, Cheney y Rumsfeld no daban puntada sin hilo; y se ratifica ahora que no fue casualidad que eligieran un lugar como Afganistán para campo de batalla contra el terrorismo islámico y que empotraran geólogos en las tropas en busca de algo más que nuevas formaciones kársticas para los manuales escolares. Así las cosas, ni el Nobel de la Paz Obama ni el civilizador Zapatero conseguirán con sus caras bonitas adecentar otra de esas cruzadas que dan la razón a Erasmo de Rotterdam: es preferible una paz injusta a la más justa de las guerras; una bandada de sucias palomas a una jauría de sabuesos rabiosos.


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