|
El país que encarna buena parte de las instituciones de la Unión Euripea aparece como ejemplo de desunión. Un partido que quiere escindir a Bélgica en dos partes declaró ayer domingo su victoria en las elecciones parlamentarias. El problema no es sólo territorial, porque el resultado podría complicar y mucho los esfuerzos para formar una coalición que podría encargarse de las reformas del estado y un estricto control presupuestario. Todo esto ahora se pone en franquicia por aspiraciones maximalistas que no tienen cabida en una sociedad tan plural.
Bélgica como país no puede darse el lujo de retrasar las negociaciones de coalición porque tiene una abultada deuda y cualquier parálisis política podría dejarlo vulnerable en los mercados financieros. Sería lamentable que mientras vigilan atentamente por una crisis de deuda soberana entre los 16 países que usan el euro, precisamente el alumno aventajado fuese a septiembre por estar distaído en un momento tan crítico. Este terremoto político puede ser resultado de la crisis de identidad belga, pero al mismo tiempo puede ser causa de una crisis social.
Los primeros responsables son los partidos tradicionales. Se esperaba que los socialistas, ganasen al menos 6 asientos para sumar 26 escaños. El patinazo es un toque de atención a toda la clase política moderada.
|