
ANTONIO CAMPUZANO
Según algunos indicios, los mismos que crecen cada día, el próximo mes de mayo de 2011, se dará electoralmente una cita histórica por clave, por grande, por colosal: habrá una triple elección. Sí, municipal, autonómica y general. Aquella conjunción intercósmica o similar de la que hablaba Leire Pajín finalmente frustrada porque Obama y Zapatero, presidentes ambos, tenían que hacer cosas en su casas; el contacto del pie ortopédico de Armstrong con el suelo lunar; esos son acontecimientos martini on the rocks al lado de lo que puede pasar en el mes de mayo.
Esta fecha aún por elegir, si los presupuestos y Durán Lleida lo permiten, significaría que los españoles tendrán que introducir en la urna cuatro papeletas electorales si por dos cabe contar Congreso y Senado. Tampoco es tan difícil, solo hace falta un poquito más de paciencia que en otras comparecencias. Lo complejo es acertar en la elección, no ya con el candidato que ocupe el sillón más alto de la Moncloa, sino con todas esas comunidades que entrarán en liza, salvo las históricas, que esas tienen otras hojas de ruta.
O los ayuntamientos, Alcalá sin ir más lejos, con quien los electores, según conviene, exhiben muy distintas varas de medir los mandatos de la oposición o del gobierno. Si estoy feliz con mi gobierno no importa la eternidad en el mismo. Si no lo estoy, qué madurez política la del sistema americano que impide un tercer mandato.
Por si acaso, Tomás Gómez se deja ver frecuentemente por Alcalá, naturalmente no tanto como Esperanza Aguirre cuya segunda residencia en la ciudad nadie le discute. Las púrpuras, hoy en día, las hacen muy livianas, casi sin peso, a juzgar por lo suelto del alcalde Bartolo en sus comparecencias e inauguraciones.
En los territorios del gobierno de la nación, el capotazo de Felipe González fijando la crisis en el tercio para el comienzo de la suerte de varas, ha sido memorable.
Sí, el mismo Felipe alabado por la izquierda como referente, emblema, heraldo y estandarte. Y quedándose corta comparada con la manifestación de la derecha sobre el mismo personaje sevillano: estadista, portador del designio más rescatable de una opción respetable, moral y española, el verdadero hombre de Estado, nada que ver con el actual presidente, herético, inconoclasta, vengativo, y lo que es peor, nieto de un abuelo. Eso sí que es intolerable. |