Quienes ya hayan leído los nueve relatos que componen A sangre y fuego, pero sobre todo el prólogo inicial, entenderán perfectamente por qué un periodista de la talla de Manuel Chaves Nogales huyó de este país de todos los demonios en los primeros días de noviembre del 36. Cuando el gobierno de la República abandonó su puesto y se marchó a Valencia, él decidió abandonar el suyo como ‘camarada-director' del periódico gubernamental Ahora –que había alcanzado la máxima tirada de la prensa republicana– y buscar refugio en un arrabal de París, que era donde recalaban todos los residuos de humanidad que la monstruosa edificación de los estados totalitarios iban dejando; gentes tristes y de carácter agrio que se afanaban por conseguir lo inasequible: una patria de elección, una nueva ciudadanía.
Perfectamente fusilable Confiesa Chaves Nogales en el prólogo citado que por culpa de su pequeña experiencia personal, por insignificante que pudiera parecer, había contraído méritos suficientes para haber sido fusilado por los ‘hunos' y por los ‘hotros'. “Me consta por confidencias fidedignas –escribe– que, aun antes de que comenzase la guerra civil, un grupo fascista de Madrid había tomado el acuerdo, perfectamente reglamentario, de proceder a mi asesinato como una de las medidas preventivas que había que adoptar contra el posible triunfo de la revolución social, sin prejuicio de que los revolucionarios, anarquistas y comunistas, considerasen por su parte que yo era perfectamente fusilable".
Caídos en el olvido Resulta lógico y natural, dentro de la dramática ilógica que sobrevino tras la guerra civil, que un periodista, un intelectual ‘pequeñoburguésliberal', antifascista y antirrevolucionario por temperamento, ciudadano de una república democrática y parlamentaria truncada por las armas, cayese en el olvido. Al igual que otros muchos periodistas y escritores, que resultaron tan incómodos para la derecha como para la izquierda. Aquel noviembre del 36 abandonaron Madrid, junto a Chaves Nogales y con los mismos temores, Manuel D. Benavides, director del semanario Estampa, más conocido por su libro denuncia contra Juan March, El último pirata del Mediterráneo y Paulino Masip, director del periódico La Voz, autor de El diario de Hamlet García, un relato comparable a A sangre y fuego por su idéntica sensibilidad y clarividencia al enfocar los primeros momentos de aquel drama de héroes, bestias y mártires. Masip curiosamente aún no ha sido integrado por Andrés Trapiello en la tercera edición de su libro Las armas y las letras, lo que nos da idea del trabajo que está costando recuperar los ecos de aquellas voces de denuncia.
El torero Belmonte recupera a Chaves Nogales Treinta años después de acabada la guerra civil, gracias a la afición taurina se rehabilitó parcialmente la figura del periodista y escritor Chaves Nogales, hombre tan poco aficionado a la Fiesta, pero que en 1935 había publicado una biografía genial sobre El pasmo de Triana, aquel torero callado e intelectual al que profetizaban que moriría en los ruedos como Sánchez Mejías y sin embargo llegaría hasta los setenta años, en que decidió acabar con su vida de un pistoletazo en 1962. Siete años más tarde las autoridades franquistas permitieron la reedición de Juan Belmonte, matador de toros en una popular colección de bolsillo. De este modo, el torero muerto resucitó al escritor olvidado.
La labor de María Isabel Cintas En los últimos años afortunadamente se está reivindicando la figura de Manuel Chaves Nogales y reeditando con rigor parte de su obra, aunque ya existen más de media docena de eruditos que se autoproclaman “descubridores" del periodista sevillano. Es por tanto de justicia reseñar que en 1979 Fernando Díaz-Plaja ya lo incluía en su antología sobre escritores españoles en la guerra civil, Si mi pluma valiera tu pistola. Pero sobre todo no hay que olvidar el más importante referente, la magnífica edición de María Isabel Cintas de la Obra narrativa completa y de la Obra periodística que apareció, a partir de 1994, en cuatro tomos con cerca de mil páginas cada uno, en la colección ‘Biblioteca de Autores Sevillanos' que publica la Fundación Luis Cernuda.
La agonía de Francia Cuenta María Isabel Cintas que poco después de aparecer la Obra Narrativa Completa, el editor y bibliófilo sevillano Abelardo Linares le proporcionó un ejemplar de La agonía de Francia, publicado en Montevideo en 1941. El libro se editó como volumen suelto para acompañar la posterior edición de los dos tomos de la Obra periodística. Ahora acaba de aparecer en la editorial Libros del asteroide con introducción de Xavier Pericay. Tal vez se trata del libro más descorazonador de Chaves Nogales. El próximo lunes 14 de junio se cumplirán 70 años que las tropas alemanas entraron en París. Seis días más tarde Francia se suicidaba, se rendía firmando un vergonzoso armisticio. Tras su salida de España en 1936, Chaves Nogales se había incorporado a la realidad francesa, trabajaba desde París para la agencia internacional Havas y era el máximo responsable de las emisiones en castellano de la radio pública. Ante un país que había decidido perder la guerra antes de que comenzase, Chaves se ve de nuevo obligado a huir, esta vez a Londres desde donde escribirá La agonía de Francia, el testimonio más lúcido sobre la agonía moral de un país. Personajes como Zugazagoitia, Rivas Cherif o Lluís Companys, refugiados en Francia, serán entregados al gobierno de Franco para su ejecución. Algunos como Max Aub tendrán la mala fortuna de estar sufriendo los rigores de los campos de concentración en las costas mediterráneas y los menos afortunados su inmediata deportación a los campos de exterminio alemanes. Otros como Azaña y Machado supieron adelantarse a su destino. “La revelación más sorprendente y espantable del derrumbamiento de Francia –escribe Chaves– ha sido esta indiferencia inhumana de las masas". Setenta años después La agonía de Francia supone una lectura obligada para todos aquellos que aun temen por el hundimiento de los valores que caracterizaron alguna vez a la vieja Europa. También supone el reconocimiento, al fin, de un figura tan excepcional e independiente como lo fueron Albert Camus o George Orwell.
La recomendación: Campo francés Lecturas complementarias a La agonía de Francia resultan Campo francés, de Max Aub híbrido entre novela y guión cinematográfico que publicó en su día la legendaria Ruedo Ibérico y hoy ha recuperado la editorial Castalia con todo su material gráfico que da aún más consistencia y fuerza a la terrible denuncia del texto. Suite francesa de la escritora Irène Némirovsky describe aquella vergonzosa huida de la población parisina, perdiendo su dignidad por el camino. |