Militares: A golpes de sable
por Vicente A. Serrano

JUEVES 29 DE ABRIL DE 2010 A LAS 09:56 HORAS
Opinión > Cultura
 
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En nuestro desolador paisaje histórico, el sable y la cruz se han mantenido en permanente vigilia a lo largo de más de siglo y medio para tratar de preservarnos de todos los males de la patria. Aplastada la invasión napoleónica –donde: “...hasta las tumbas se abrieron, gritando: ¡Venganza y guerra!", como cantaba exaltado el mediocre poeta jiennense Bernardo López–, se difuminó aquel controvertido delirio patriótico, que al menos parecía haber acabado con el Antiguo Régimen entre tímidos vientos de esperanza y libertad que apuntaba la Constitución de Cádiz. Tan sólo fue un sueño fugaz que se volvió a tornar en pesadilla con el regreso del Rey felón, de nuevo del brazo del absolutismo. Desde 1814 hasta 1981, el poder militar ha tratado de mangonear todos los cambios políticos; por tanto gran parte de nuestra patética historia contemporánea no ha sido más que una serie inacabable de trágicos pronunciamientos de espadones salvapatrias.

Un torero en el Congreso
“En la noche del 23 de febrero de 1981, un despistado periodista sueco recibió una fotografía de agencia donde se veía a Tejero, conminatorio y pistola en mano, en el salón de sesiones del Congreso. El sueco, sin otras informaciones aclaratorias, miró el aparatoso tricornio y compuso un titular apresurado: Un torero asalta el Parlamento español". Esta anécdota, perfectamente creíble, la relata Gabriel Cardona en el prólogo de su último libro, publicado por Ariel con el título, A golpes de sable. Un extenso estudio, con sereno rigor documental y abundante material gráfico, cuyas imágenes nos dan una idea cabal de todos aquellos “diestros" voluntariosos que se han lanzado a la arena de nuestra historia reciente. Gabriel Cardona siguió la carrera militar y también se licenció y doctoró en Historia por la Universidad de Barcelona. En 1982 decidió abandonar el ejército para dedicarse de lleno a la investigación histórica y desde entonces ha impartido cursos en diversas universidades estadounidenses. Actualmente es profesor titular de la Universidad de Barcelona y ha publicado alrededor de una veintena de libros, entre los que predominan la temática militar. A golpes de sable traza un sugerente recorrido por la vida, las ideas, los aciertos y sobre todo las fatales equivocaciones de veintiún militares de derechas, de izquierdas y de centro, que el autor considera imprescindibles para tratar de entender mejor el turbulento período de los dos últimos siglos en la historia de España.

De Rafael Riego a Gutiérrez Mellado
Todo un signo emblemático parece encerrar los paréntesis de este libro, ya que se abre con la semblanza de Rafael de Riego, aquel militar liberal que se rebeló contra el absolutismo en el pueblo sevillano de Cabezas de San Juan, que sería aclamado como héroe nacional pero que terminaría pocos años más tarde ejecutado en la madrileña Plaza de la Cebada. Y se cierra con Gutiérrez Mellado, figura clave en la recuperación de la democracia, que además tuvo el valor de enfrentarse la tarde del 23-F al estrambótico personaje que pretendía convertirse en "lidiador" de la política nacional.

Entre Rimas y Guerras
Muchos miembros de mi generación sufrimos una enfermiza atracción por el siglo XIX. Nos atrajo sin duda aquel pintoresco Romanticismo hispánico de Rimas, pistoletazos suicidas, Borbones incapaces y continuos pronunciamientos de una ambiciosa casta militar. Habíamos alimentado nuestra incipiente curiosidad por tiempos pasados con los Episodios Nacionales de don Benito Pérez Galdós. Ante el tema tabú o maniqueo de nuestra reciente guerra incivil, nos refugiamos en aquellos relatos que nos prefijaron una idea, creo que bastante aproximada de la violenta tierra que pisábamos. Sin duda la tercera serie, que tenía como protagonista a Fernando Calpena fue la que, al menos a mí, dejó una huella más profunda en aquellas lecturas adolescentes. Narraba la primera Guerra Carlista, desgarradora y sangrienta. Ahora el autor de A golpes de sable me vuelve a rememorar a unos espadones que ya tenía algo desdibujados, pero de los que sí recordaba su desproporcionada crueldad: Espoz y Mina, Zumalacárregui, Espartero, y sobre todo Ramón Cabrera, conocido como ‘El Tigre del Maeztrazgo', todos ellos protagonistas de fusilamientos masivos y de salvajes venganzas personales.


Con Valle-Inclán en el recuerdo
Siguiendo la estela del magistral mosaico que ha elaborado con impecable rigor Gabriel Cardona, pasamos de evocar a Galdós, –una vez hemos cruzado por el genio y figura de Narváez, O'Donnell y Prim– a recordar inevitablemente a Valle-Inclán y su Martes de carnaval porque al pasar página y siglo nos encontramos con aquellos generales que trataron de mantener las últimas migajas del imperio con guerras encarnizadas y sin sentido: Cuba, Filipinas, El Rif... Figuras como la de Martínez Campos, un general liberal para tiempos difíciles o Valeriano Weyler, nuestro hombre en La Habana cuya memoria se obsesionó en borrar años más tarde Primo de Rivera. Se analiza asimismo a Milans del Bosch, un antecedente claro de la Dictadura, látigo de la CNT en Barcelona, miembro de una saga que aún nos daría más de un sobresalto; para culminar con Primo de Rivera, nombrado hijo adoptivo de esta ciudad, no precisamente por su amor a la cultura, sino por su querencia a placeres más mundanos.

Los militares de la Guerra Civil
La última parte de A golpes de sable perfila  –con la misma imparcialidad que se desarrolla todo el libro– los retratos de la mayoría de los protagonistas castrenses que estuvieron implicados en la Guerra Civil, en uno y otro bando. Lectura aconsejable por su serenidad de juicio. A lo largo de todo el libro, Gabriel Cardona ha tenido la elegancia de no ahondar excesivamente en el esperpento –bastante tenemos con Mola, Franco y Sanjurjo–  y ha dejado fuera de sus páginas a personajes como Pavía, del que el desinformado periodista sueco hubiese comentado que disolvió la Primera República a golpe de rejoneo, o a Queipo de Llano que sembró el terror a través de las ondas radiofónicas, de modo mucho más sangriento que Orson Welles, o al inefable Millán Astray, “novio de la muerte" que sin embargo no pudo con el sentimiento trágico de Unamuno; del mismo modo que el “torero" con tricornio no pudo tumbar aquella tarde al militar demócrata. El autor concluye en su prólogo: "Ya no tenemos espadones porque las trapisondas públicas las hacen los políticos y los generales se dedican a los suyo. Con todas nuestras alegrías, desgracias, desasosiegos y quebrantos, somos un país normal. Que ya era hora."

 

La recomendación: Anatomía del instante
No es ésta una recomendación para los que, por edad, vivimos el 23 F, en vivo y en directo, sino más bien para aquellos que afortunadamente nacieron en democracia. Javier Cercas os narra en Anatomía del instante el punto final de la epidemia de espadones salvapatrias que tuvo contagiado este país durante más de un siglo y medio. Un magnífico modo de cerrar, literariamente, aquellos Episodios Nacionales de Galdós y los esperpentos de Valle-Inclán.


Comentarios
Salvador
viernes 30 de abril de 2010 a las 22:25 horas
Con muy poquitas excepciones, a todos los militares les pierde su obsesión de jugar a soldaditos, pero con la vida de los demás. Salud y República.
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