Silencios
por Juan Antonio Moreno

JUEVES 25 DE FEBRERO DE 2010 A LAS 12:49 HORAS
Opinión > Cultura
 
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Un primer plano nos acerca a un niño (Guillermo Robledo) que se encuentra en el campo pintando el retrato de su desaparecido padre. En  este entorno rural, que dibuja una estampa al natural que recuerda a aquella que captaran los maestros impresionistas,  desarrolla su acción Carta de Francia de Diego López Cotillo. Ambientado en la España sacudida por la guerra civil, el corto destapa la ausencia de la figura paterna.

Una cuidada y muy elaborada fotografía de Pedro F. Fernández acompaña una historia que explora la ruptura de una familia cercenada por la demencia de unos perversos que violentaron la decencia democrática.

La carta, una bella herramienta de comunicación utilizada por varias generaciones y que con la expansión de los correos electrónicos parece vivir sus últimos días,  se transforma aquí en otra imagen que construye una ficción paralela que intenta aliviar la dura carga emocional con la que caminan los protagonistas.

Madre e hijo afrontan el mensaje recibido con diferente actitud. Un ejemplo que ilustra ese sentimiento opuesto es el hermoso plano en que, aposentados sobre un muro de piedras, ambos miran en dirección contraria.

La cámara compone un vigoroso encuadre que permite retornar al cine íntimo de Víctor Erice, a ese celuloide introspectivo en el que los silencios y las miradas se apoderan de la pantalla.

La excelente música de José Luis Morán armoniza escenas que recrean la contradictoria calma de un espacio geográfico en el que el sonido diligente de Manuel Molina y Moisés Garrido aflora el cristalino ruido del cercano río.

Es una pieza que traslada el vacío y la espera de unos personajes cuyas vidas se encuentran detenidas, presas de un recuerdo atormentado. Ese sentimiento del alma humana que tan magistralmente expresara en sus lienzos Edward Hopper es transportado visualmente por López Cotillo con una sutilidad tan especial que consigue emocionar. Ayuda la complicidad de sus protagonistas, una estupenda Montse Germán y el siempre eficaz Javier Batanero, auténtico álter ego del creador y quien intenta alentar la esperanza del niño.

Así, estas cartas construyen un lenguaje evocador, pleno de misterio. Sólo quien aún hace uso de ellas –quien firma este artículo lo es- puede entender toda la magia que envuelven.

Carta desde Francia desnuda el final de la inocencia de un niño que ha aprendido que la cruda realidad vence a la impostura de la ficción, como queda ilustrado en el excelente plano final. Es cine digno que transita por un camino aún necesario para el séptimo arte.

· La Ficha: Carta  de Francia

Director: Diego López Cotillo

Intérpretes: Guillermo Robledo, Montse German y Batanero

Música original: José Luis Morán

Año: 2009


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