ANTONIO CAMPUZANO
Al parecer tienen una gran capacidad de penetración. Allí donde hay un grupo de iguales, allí aparece subrepticiamente algún miembro de UPyD más o menos enmascarado, más o menos desenmascarado, para ver, para escuchar, lo que se llama en jerga política hacerse un hueco en el panorama político. Sucede en Alcalá, sucede en Torres de la Alameda, sucede en Villalbilla.
Así se manifiestan las gentes de UPyD (upadans, pronúnciese así, según sus detracatores, para señalar su carácter ligth y poco propenso a la firmeza). Es esa organización cuarteada, donde ya hay mucho entusiastas con blogs activos que han perdido la fe en su lideresa multiorgánica, omnipresente y omnisciente.
Esta semana, con motivo del pleno extraordinario sobre economía, donde las sutilezas de Mariano Rajoy fueron aparcadas en una papelera de la carrera de San Jerónimo para dar paso a la navajas más acreditadas de la ciudad de Albacete, exactamente cuando el presidente Zapatero le dijo al líder de la oposición que no estaba sobrado de valentía de cara a una moción de censura, las cosas, pues, estaban al borde del desenlace más previsible del drama más previsible.
Bueno, halló entonces el momento Rosa Díez, el icono del autopartido éste de UPyD, para lanzar la frase más evidente del universo de esta legislatura: “No al pacto establecido entre PP y PSOE para que nada cambie". Claro, el asombro sideral entre las bancadas socialistas y populares fue mucho. Las gentes no salían de aquel estado cataléptico. Se tocaban sin notar nada, ni siquiera algo. Rosa era tenida por dueña de cierta sensatez, había creditado alguna habilidad. ¿Pero esto?
Pero he aquí que las encuestas. En Alcalá, esas encuestas para andar por la plaza de Cervantes, dan a este extravagante partido (y aquí cualquiera se mete ya en territorio del especialista Óscar Sáez, descubrirse a la orden ante el tamaño del periodista). Se está generalmente acostumbrado a las esperanzas de Izquierda Unida, pese a sus estrambóticas peripecias en Alcalá. Pero no hay costumbre respecto a UPyD.
Tampco la proporciona el caso de Villalbilla. Ejemplo, después de una tormentosa sesión plenaria en este municipio, una persona recogida, callada, pero expectante ante aquel despropósito, fue preguntado sobre aquéllo. Tras vacilación, dijo que “creo que esto no me gusta". E emprendió el camino de regreso a casa. Y Rosa Díez exige implicación. |