Le llegan a la madriguera de El Topo unas cuantas piezas de caza mayor, pero no hay género lo suficientemente grande como para que este pequeño animal que les habla no pueda apañarse con él. Como las raciones son generosas, eso sí, no tendré ningún problema en compartirlas.
El lector con memoria recordará que hace ya muchos meses le contamos en este periódico la más que posible vuelta a la primera línea política de Álvarez Cascos, buen amigo de Aguirre y venerado en las bases del PP. Incluso se rumoreaba, con insistencia, que podría hacerlo en la Comunidad de Madrid de un modo u otro. Pues bien, lo que parece confirmarse poco a poco es que en Asturias le esperan como agua de mayo: la cúpula popular del Principado no quiere ni verlo, pero los militantes y unos cuantos alcaldes influyentes están haciendo todo lo posible por convencer a Génova de que le llame y le ofrezca la candidatura a presidente. Y si la cosa falla, ¿siempre le quedará Madrid?
Y de Madrid no nos movemos para narrar la última de Gallardón, que ha vuelto a cabrear al PP madrileño y a la Puerta del Sol con su entrevista con Iñaki Gabilondo, el maestro del lance que siempre saca lo que busca de la víctima de su sabiduría en el cara a cara. Y corre como la pólvora, a modo de ejemplo del doble rasero del alcalde con respecto a los comentarios privados, lo que él mismo dijo en 2003 cuando le sorprendieron manteniendo una conversación muy delicada con miembros del PSOE a cuento del 'tamayazo'. Fue en la toma deposesión de Bono en Toledo, con Simancas y Blanco de testigo. Allí se puso de su parte, quiso sacar del embrollo a Cobo y García Romero, a quienes se relacionó de un modo u otro con la fuga de dos diputados socialistas y, finalmente, les pidió que estuvieran fuertes para poder soñar él con el relevo a Aznar. Pero fue en privado, y lo curioso es que el alcalde de Madrid apeló a esa condición para exigir, con razón, que no se tuviera nada en cuenta. ¿Y ahora sí?
Una última coletilla, esta vez grata. El fenomenal éxito de los Goya tiene nombre propio, el de Álex de la Iglesia. Pero para entenderlo, hay que bucear en las salas de mando de la Academia y valorar el enorme cambio que ha habido en la gestión de la entidad de dos años para acá. Y allí aparecen, en la sombra pero con un mérito enorme, dos viejos periodistas madrileños, culturetas de los de verdad ellos, que han cambiado la forma de trabajar y planificar en un organismo anquilosado hasta no hace tanto. Se trata de Carlos Cuadros y Arturo Girón, dos capitantes de lujo para un general convencido de que 'El Día de la Bestia' puede serlo también de la Bella si se hacen las cosas profesionalmente.
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