“El cuerdo loco … … … ¿Cuándo verán mis tristes pensamientos sereno el sol algún alegre día? ¿Cuándo desta prisión escura y fría saldrán mis alas a romper los vientos? ¿Cuándo mis ojos a tu cielo atentos verán la luz que espera el alma mía? ¿Cuándo este mar que contrastar porfía mi nave amansará sus movimientos? ¿Cuándo podrán mis tristes ojos verte, ¡oh luz del alma en tanto bien perdida! siendo la estrella que mi norte encierra? Yo pienso que será cuando la muerte, rotas las velas de mi triste vida, la nave esconda en siete pies de tierra. … … …” Lope de Vega (Madrid 1562 - 1635)
Las desgracias suelen venir acompañadas.
Protagonistas de su gran tragedia, todos en fila, uno tras otro, sumisos y desesperados como ovejas al matadero, esperan desesperanzados que el Estado solucione o palie sus sufrimientos. Estos versos de Lope reflejan, de alguna manera, el estado de ánimo en el que queda sumido quien tiene la desgracia de perder su trabajo, consecuencia del daño colateral de una crisis mantenida.
Quien pierde el trabajo en la empresa, está condenado a perder la dignidad ante las puertas de las oficinas del INEM. Colas, y más colas por un servicio deficiente, falto de personal y oficinas. Una contradicción más de nuestra sociedad cruel con el desfavorecido.
¿Tan caro es para el Estado proteger la dignidad de sus ciudadanos tocados por el infortunio del desempleo?
A la larga, sale mucho más caro recomponer los espíritus rotos de ese capital humano de producción, despreciado y maltratado. El crédito de las instituciones queda en entredicho con gestos tan… (por más que busco no encuentro el calificativo propicio).
Hay tragedias inevitables. El paro es una de ellas. El acoso a la dignidad del parado es un lujo impúdico de una sociedad mediocre e insensible, inadmisible y denunciable. Mis gobernantes, con sus opositores, me ruborizan de indignación cada vez que abren la boca para incriminarse unos a otros, mientras crece la pobreza moral y el sufrimiento de los damnificados. La situación me parece inaceptable, intolerable, denigrante, miserable…
Uno de la muga |