PEDRO P. HINOJOS

Hace falta valor para enfrentarse a los enemigos, pero hay que ser muy valiente para plantarle cara a los amigos. Con semejante moraleja premia el poderoso mago Albus Dumbledore a un joven alumno del Colegio Hogwarts en una de las aventuras de Harry Potter.
Cámbiese lo de amigos por ciudadanos y se tendrá un pequeño gran consejo para que nuestros políticos se ganen el respeto por una conciencia responsable aunque pierdan la simpatía. Pero cuesta verlo aplicado.
El ministro Blanco echa a los leones a los controladores aéreos por sus sueldos de marajás pero obvia el detalle de que es el Gobierno del que él forma parte quien paga y de que la culpa del caos en los aeropuertos no se esconde sólo en la torre de control.
El eterno candidato a la presidencia andaluza, el popular Javier Arenas, clama por la cadena perpetua en el primer aniversario de la desaparición de Marta del Castillo, pero la amnesia le borra los ocho años en los que formó parte de un Ejecutivo que no se planteó ni en frío ni en caliente tal posibilidad, ni cualquier medida revolucionaria que acabara con el desastre de una Justicia que aún no conoce la separación de poderes.
Y su compañera, María Dolores de Cospedal, arremete contra el alcalde de Yebra por ofrecer su pueblo para acoger un almacén nuclear, pero no es capaz de proponer que su partido manifieste su rechazo total a la energía nuclear. Esto último sí lo hace el Gobierno de Zapatero, pero al mismo tiempo compra electricidad nuclear a Francia y no ordena el cierre inmediato de todas las centrales que funcionan actualmente en nuestro país.
Casi todos, eso sí, recuperan la lucidez, la perspicacia y el sentido común cuando dejan de ostentar responsabilidades públicas y no hace falta decir lo que suena bien. Debe ser que cuesta menos ser sincero cuando ya se ha caído de pie en cualquier consejo de administración, cátedra universitaria o patronato de fundación. Pero eso no vale. La hora de los valientes sonó con todas sus campanadas. |